Quién es tu Adolescente Interior y Cómo te Bloquea

Quién es tu Adolescente Interior y Como te Bloquea.

La metáfora de la «cultura adolescente» se refiere a una sociedad que tiende a enfocarse en las libertades personales y la satisfacción inmediata, pero que puede carecer de una comprensión profunda de las responsabilidades colectivas y del impacto a largo plazo de las acciones individuales en la comunidad y en el mundo en general. Esta perspectiva puede llevar a una falta de empatía, a la polarización y a la dificultad para trabajar juntos para abordar problemas globales.

Estamos viviendo en una era de crisis sin precedentes que está polarizando a las personas como nunca antes. Aún tenemos fresca la pandemia mundial, con sus devastadoras consecuencias, además de conflictos bélicos sin sentido, migraciones masivas, incendios catastróficos y otros desastres naturales como la sequía extrema y lluvias torrenciales, claros efectos del cambio climático. A esto se suman la inestabilidad financiera y política, así como la caída de instituciones que antes parecían inquebrantables. Todo esto son solo algunos ejemplos de los desafíos actuales. Sin embargo, lo más alarmante es que, a pesar de estas circunstancias, observamos niveles crecientes de animosidad, falta de empatía y una rabia intensa que se extiende entre las personas.

En este contexto de desafíos constantes, no es raro que la ansiedad y el miedo activen nuestro «adolescente interior» como mecanismo de defensa. Este adolescente interior se manifiesta a través de reacciones emocionales impulsivas, miedo al cambio y una tendencia a enfocarse en la seguridad y el bienestar personal, dejando de lado el bienestar colectivo.

He dividido este artículo en dos partes. En la primera, exploraremos cómo el adolescente interior se activa en nuestras vidas cotidianas, y en la segunda, ofreceré estrategias para sanar y nutrir a ese adolescente interior, promoviendo un crecimiento personal que mejore tu vida. Esta estructura te permitirá comprender primero el problema y luego explorar soluciones prácticas para tu desarrollo personal.

Cómo saber si tu adolescente interior lleva las riendas

¿Te sientes atrapada y abrumada, y luego reaccionas con enojo, agitación, malhumor o te sientes «al límite»?

¿Tienes momentos en los que parece imposible detener los pensamientos negativos?

¿Te sorprendes atacando a personas cercanas sin razón aparente?

Y, aunque suene extraño, ¿alguna vez te descubres pensando: «¡Odio a la gente!»?

Si te identificas con alguna de estas situaciones, es posible que tu «adolescente interior» esté tomando el control en ciertos momentos, afectando tu capacidad para mantener la calma, ver las cosas con claridad y tomar decisiones maduras y empoderadas.

Diferencias entre tu Niña Interior y tu Adolescente Interior

La niña interior es una energía viva dentro de ti. Puede aparecer a diferentes edades en un momento dado, dependiendo de cómo los eventos en tu vida adulta actual puedan desencadenar sentimientos basados en traumas no procesados de tu infancia. La niña interior es mucho más  vulnerable y receptiva al amor y la guía de tu yo adulto cuando se activa.

Por otro lado, el sub-yo de la adolescente interior, puede ser más difícil de tratar, porque NO es tan abierta y vulnerable; en realidad puede ser combativa y agresiva en respuesta al dolor y puede rechazar el apoyo que necesita si se siente despreciada o ignorada. Su energía también puede ser muy similar a la de tu yo  adulto en algunos momentos, lo que dificulta notar cuándo te has fusionado con ella.

Como adolescentes, cada una de nosotras tuvo que negociar: ¿Cómo encajo en este mundo patriarcal sin dejar de aferrarme a mi verdadero sentido de identidad?

La adolescencia: una etapa crítica del desarrollo humano

Es evidente que los años de la adolescencia son una etapa crítica y desafiante en el desarrollo humano. Durante este período, experimentamos una profunda transición tanto en términos de nuestro crecimiento físico como de nuestras responsabilidades emocionales y sociales. Estas presiones internas y externas  subrayan cómo durante la adolescencia se atraviesan una serie de cambios significativos en la vida. Los cambios hormonales, emocionales y físicos pueden generar una gran cantidad de estrés y ansiedad, a menudo amplificados por las expectativas y las influencias de los padres, los amigos y la sociedad en general. 

La lucha entre anhelar autonomía y desear ser respetada como persona, mientras aún se enfrentan muchas restricciones y limitaciones, es una característica central de la adolescencia. Los adolescentes buscan establecer su identidad única y desarrollar una sensación de independencia, pero a menudo se enfrentan a reglas y estructuras que pueden parecer restrictivas. Este conflicto interno entre deseos individuales y expectativas externas puede ser una fuente significativa de tensión emocional.

La intensa presión de la adolescencia y su impacto en tu vida actual

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Durante la adolescencia, las jóvenes se ven en medio de una compleja intersección de influencias culturales, sociales y personales que pueden moldear profundamente su autoestima, sus aspiraciones y su bienestar emocional.

La presión para encajar en las normas patriarcales y los valores tradicionales puede ser abrumadora. A menudo, se espera que las adolescentes sigan ciertos roles y comportamientos que limitan su expresión personal y restringen su autenticidad. La presión para ser una «buena chica» y proyectar una imagen agradable y no amenazante es una lucha constante, lo que puede llevar a suprimir emociones y sentimientos auténticos.

Tomar conciencia de las injusticias y estereotipos de género durante la adolescencia es una experiencia impactante. Las jóvenes comienzan a reconocer las desigualdades de género y pueden sentir la frustración de tener que lidiar con estos obstáculos. A menudo, se les dificulta expresar abiertamente su enojo, ya que la sociedad tiende a imponer la represión de estas emociones en las mujeres, lo que puede resultar en la internalización de sentimientos de impotencia.

Entender que muchas mujeres canalizan su enojo de formas indirectas o encubiertas es crucial para reconocer cómo las dinámicas de poder afectan a las adolescentes. Esta represión emocional puede tener efectos negativos en su salud mental y emocional, con consecuencias a largo plazo en su confianza y autoestima.

Durante la adolescencia,  aprendemos que los hombres pueden tener poder directamente pero las mujeres solo pueden acceder a él indirectamente. _ Bethany webster

Las luchas y desafíos de las adolescentes en la sociedad patriarcal

Durante la adolescencia, muchas de nosotras hemos sentido una profunda vergüenza por no encajar en un mundo que parece no aceptarnos tal como somos. Para proteger nuestro yo auténtico, muchas veces desarrollamos un «yo falso» como mecanismo de defensa ante una cultura que se basa en la comparación, el juicio, la competencia, la misoginia, la apariencia y la superficialidad.

Crear un yo falso es una forma de autopreservación emocional que nos ayuda a superar situaciones en las que no nos sentimos seguras para ser auténticas.

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Muchas de nosotras, en mayor o menor medida, hemos tenido que adaptarnos a una cultura que valora a los hombres por encima de las mujeres. En la escuela secundaria, la vida social podía parecer un verdadero campo de batalla, donde la supervivencia dependía de encajar en un juego de jerarquías sociales, comparaciones y competencia que determinaba quién estaba arriba y quién abajo. Con esas reglas sociales, surgía un miedo constante a la exposición y la vergüenza, mientras tratábamos de adaptarnos lo más rápido posible.

En una cultura que prioriza la imagen, el capitalismo y la supremacía blanca, aprendemos a distanciarnos de nuestros sentimientos, a endurecernos para sobrevivir y a esconder lo que realmente sentimos y pensamos solo para encajar.

La vergüenza y tu adolescente interior

La vergüenza infantil puede solidificarse e internalizarse más en la adolescencia

La vergüenza que vivimos en la infancia puede arraigarse aún más durante la adolescencia, un período en el que muchas de nosotras comenzamos a sentir que no encajamos. Estos sentimientos de vergüenza, que en la infancia podrían haber sido pasajeros, se vuelven más profundos e internalizados cuando alcanzamos la adolescencia.

Es fácil sentir vergüenza cuando tu cuerpo no se ajusta a los estándares imposibles que la sociedad impone. Desde una edad temprana, enfrentamos expectativas irreales sobre cómo deberíamos vernos y comportarnos, lo que puede generar una inseguridad constante sobre nuestra apariencia.

También surge el miedo a no estar a la altura de las expectativas. La presión por ser aceptada y respetada puede llevarnos a ocultar nuestras necesidades y límites naturales, que muchas veces son minimizados o rechazados por un mundo que no los considera válidos. Como adolescentes, sentir enojo es natural, pero rara vez encontramos un espacio seguro donde nuestro enojo se considere legítimo y no se juzgue como algo inaceptable.

Además, la vergüenza por sentirnos impotentes ante tantas situaciones fuera de nuestro control es abrumadora. La adolescencia es una etapa en la que queremos ejercer independencia, pero nos encontramos limitadas por factores externos que no podemos cambiar, lo que puede aumentar esa sensación de vulnerabilidad.

La presión por «tenerlo todo bajo control» es constante, y a menudo no encontramos un espacio seguro donde descomprimir esa carga. La sociedad espera que nos mostremos siempre fuertes y capaces, dejando poco margen para expresar la realidad de nuestros miedos y frustraciones.

Y finalmente, la vergüenza que sentimos por nuestra vida familiar, que tal vez no se ajusta al ideal estereotipado de seguridad y apoyo. A veces, nuestra familia no es un refugio seguro, y eso también es una fuente de vergüenza que pocas veces se aborda de manera abierta.

La vergüenza es, en esencia, una herida que muchas llevamos dentro, y durante la adolescencia se hace más intensa. Es importante reconocer cómo estas experiencias de vergüenza aún pueden influir en nosotras hoy, y cómo entenderlas puede ser un primer paso para sanar a nuestra adolescente interior.

El trauma y tu adolescente interior

El trauma o la negligencia en la adolescencia pueden causar angustia crónica y hacer que lo compenses de varias maneras

El trauma o la negligencia durante la adolescencia pueden dejar una marca profunda, generando angustia crónica y llevando a desarrollar distintas estrategias de supervivencia. Estas respuestas, aunque eran intentos inocentes de protegernos, pueden seguir afectándonos en la vida adulta.

A veces, el trauma nos obliga a crecer demasiado rápido. Tal vez asumiste responsabilidades que no te correspondían porque los adultos a tu alrededor no eran capaces de cuidarte adecuadamente o no ofrecían un entorno seguro. Esto puede llevar a sentir una presión constante por aparentar ser más madura y «tenerlo todo bajo control» de lo que en realidad era posible, como una forma de compensar el vacío dejado por el abandono emocional.

Para muchas adolescentes, mantener la distancia emocional se convierte en una forma de protección. Cuando la vulnerabilidad parece peligrosa o los adultos de tu entorno son poco fiables o incluso avergonzantes, es común aparentar ser fría o distante. Esta coraza emocional se convierte en un escudo para evitar ser herida o decepcionada.

El trauma también puede provocar sentimientos de desprecio y desconfianza hacia los adultos, especialmente si han fallado en ser modelos de coraje e integridad. En esos casos, la rebeldía o los comportamientos desafiantes pueden ser formas de expresar la frustración y el enojo acumulado hacia quienes deberían haber sido figuras de apoyo.

En una situación de inseguridad, la manipulación puede convertirse en una herramienta para obtener lo que necesitas. Mentir, agradar a los demás o evitar conflictos se convierten en mecanismos de defensa cuando la comunicación directa no ha sido promovida ni ejemplificada por los adultos en tu vida.

Otra respuesta común es avergonzar a otros como una forma de sentir control o importancia, proyectando en ellos la vergüenza que sientes en tu interior. Esto, conocido como «identificación proyectiva«, es una manera inconsciente de desviar el dolor hacia afuera para no enfrentarlo internamente.

La hipervigilancia, un estado constante de alerta, también es una respuesta al trauma. Este estado de miedo crónico puede llevarte a desarrollar creencias rígidas, a ser perfeccionista y a esforzarte continuamente por evitar errores para sentirte a salvo.

Estas estrategias, aunque pueden haber sido necesarias para sobrevivir en ese momento, pueden estar influyendo en tus reacciones y comportamientos hoy en día como mujer adulta. Reconocer estas respuestas y entender su origen es un paso importante para sanar las heridas de tu adolescente interior y avanzar hacia una vida más plena y auténtica.

Tu adolescente interior y sus estrategias para sobrevivir

Para adaptarnos  a un mundo patriarcal, muchas de nosotras tuvimos que desarrollar estrategias de supervivencia que implicaban, en parte, crear un «falso yo«. Este yo falso era una forma de proteger nuestro yo auténtico en un entorno que muchas veces se mostraba hostil o poco comprensivo.

En un mundo ideal, las madres de adolescentes deberían ofrecer tanto un sentido de pertenencia y seguridad como respeto por la creciente necesidad de autonomía y libertad de sus hijas. Si hubiéramos contado con adultos sanos, amorosos y consistentes a nuestro alrededor, que nos valoraran y nos cuidaran mientras también respetaban nuestra necesidad de independencia, habríamos tenido una base sólida para enfrentar los desafíos de crecer en una sociedad patriarcal. De esta manera, habríamos mantenido la conexión con nuestro verdadero yo, sin la necesidad de esconderlo detrás de una fachada para sentirnos seguras.

Sin embargo, cuando ese delicado equilibrio entre el cuidado y la autonomía se rompe —lo que algunas autoras llaman la «herida de la madre»—, surge la necesidad de desarrollar un yo falso. Este yo falso actúa como un escudo para protegernos emocionalmente, mientras que el verdadero yo queda oculto, en la sombra.

Es posible que, durante la adolescencia, sintieras que la relación con tu madre empezaba a cambiar. Tal vez te diste cuenta de que se volvía más distante, tensa o inestable, pero sin entender exactamente por qué. Podrías haber percibido que, a medida que crecías, tu madre se volvía más crítica, celosa, desconectada o incluso desinteresada en tu entorno y tus experiencias.

Estos cambios pueden ser dolorosos y confusos, especialmente cuando nuestra necesidad de pertenencia choca con nuestro deseo de independencia. La ausencia de un apoyo materno saludable puede empujarnos a construir un yo falso más robusto, a medida que tratamos de manejar la tensión entre la búsqueda de nuestra identidad auténtica y la necesidad de encajar en un mundo que, a menudo, no nos facilita esa autenticidad.

Como adolescente, es posible que hayas sentido que la relación con tu madre comenzaba a cambiar y se volvía más distante, tensa o inestable, sin saber necesariamente por qué. Es posible que hayas sentido que tu madre era cada vez más hostil, celosa, distante, desinteresada o carente de amor hacia tu entorno. 

Cuando las madres intensifican la presión en lugar de protegerte

En algunos casos, nuestras madres, en lugar de ofrecernos un refugio seguro frente a las presiones del mundo exterior, pueden haber aumentado esa presión. En lugar de protegernos o ayudarnos a entender la injusticia de la cultura patriarcal, pudieron reforzar la vergüenza que ya sentíamos, a veces de manera inconsciente. Para bien o para mal, fueron ellas quienes nos mostraron cómo habitar un cuerpo femenino en un mundo que a menudo es hostil hacia nosotras.

El grado en que nuestras madres interiorizaron los valores y creencias patriarcales probablemente determinó cuánto nos empujaron a hacer lo mismo. En el mejor de los casos, puede haber sido un intento genuino de prepararnos para sobrevivir en un mundo que no siempre es amable. En el peor de los casos, podría haber sido una forma de repetir sobre nosotras el abuso o el abandono que ellas mismas sufrieron.

Muchas de nuestras madres crecieron en hogares donde predominaba una estructura jerárquica y patriarcal, un sistema «de arriba hacia abajo» en el que la autoridad no se cuestionaba. Es posible que, para ellas, ese enfoque rígido fuera simplemente «la manera en que son las cosas». Romper con ese patrón y criar a una hija de una manera diferente requiere un gran esfuerzo y coraje, algo que no todas las madres pudieron o supieron hacer.

Para las madres más apegadas a los valores tradicionales, la natural rebeldía y el deseo de independencia de una adolescente podían resultar abrumadores. En lugar de comprender estos cambios como parte del crecimiento, algunas madres reaccionaban con más vergüenza, presionándonos a conformarnos aún más con las expectativas sociales, intensificando la sensación de desconexión con nuestro yo auténtico.

Intentar encajar en la adolescencia y pérdida de identidad emocional

Cuando los padres refuerzan mensajes dañinos durante la adolescentes

A lo largo de la adolescencia, algunos padres pueden intensificar las presiones emocionales al transmitir mensajes, de manera directa o indirecta, que resultan profundamente dolorosos. A menudo, estos mensajes están cargados de expectativas y valores patriarcales, reforzando la idea de que debemos cumplir con ciertos estándares para ser aceptadas. Algunos ejemplos de estos mensajes pueden ser:

  • “¡No hagas o seas eso! ¿Qué pensarán los demás?” — Aquí se prioriza la imagen externa y las apariencias sobre la autenticidad, promoviendo una preocupación constante por el juicio ajeno.
  • “Tienes que reflejar bien sobre mí, PERO no te atrevas a superarme.” — Este mensaje envía la idea de que el poder es algo que debe mantenerse bajo control, y que los logros de la hija no deben eclipsar a los del padre.
  • “Siempre hay un ganador y un perdedor, y como padre, siempre gano.” — Una actitud basada en la competencia, donde la autoridad no se cuestiona y el poder se ejerce de manera jerárquica.
  • “¡Eres demasiado sensible!” — Este tipo de comentario desacredita las emociones, transmitiendo vergüenza por sentir y dando a entender que la sensibilidad es una debilidad.

Como adolescentes, estos mensajes pueden solidificarse y convertirse en creencias internas que arrastramos hasta la vida adulta. Aquí algunos ejemplos de estas creencias que pueden haberse arraigado:

  • “Una buena chica no puede estar enojada.” — Aprendemos a reprimir el enojo, viéndolo como algo inapropiado o inaceptable.
  • “Tengo que ocultar mis verdaderos sentimientos para ser amada.” — Desarrollamos la creencia de que nuestra autenticidad no es digna de ser aceptada.
  • “Tengo que mentir para hacer feliz a la gente y conseguir lo que quiero.” — La honestidad queda relegada, y aprendemos a manipular para recibir la aprobación.
  • “Tengo que ser perfecta o no valgo nada.” — El perfeccionismo se convierte en la única vía para sentir que somos suficientes.
  • “Tengo que estar siempre en guardia y anticiparme a lo que los demás quieren que sea.” — Adoptamos una actitud hipervigilante, buscando cumplir expectativas ajenas para evitar el rechazo.
  • “Nadie me amará si conocen mi verdadero yo.” — La autoaceptación queda condicionada, y surge el temor de que ser nosotras mismas nos haga indeseables.
  • “Me siento fuera de control. Bien podría actuar y lastimarme.” — La frustración y la sensación de falta de control pueden llevar a comportamientos autodestructivos como forma de liberar la tensión.
  • “No puedo lidiar con esto. ¡Necesito alivio AHORA MISMO!” — La necesidad de escape inmediato se puede traducir en excesos como atracones o conductas impulsivas.
  • “Estoy tan enojada que podría explotar. Encontraré una manera de hacerlos pagar.” — El enojo reprimido busca salida, y a veces se expresa en formas destructivas o vengativas.

Si estas dinámicas de negligencia y trauma persisten durante la adolescencia, la «adolescente interior» herida puede desarrollar una identidad de autoprotección más rígida y desafiante, una coraza que persiste incluso en la adultez. Este yo protector puede manifestarse como una forma de defensa que rechaza la vulnerabilidad, mantiene la distancia y se muestra desconfiado ante los demás, dificultando la conexión auténtica y el desarrollo emocional sano.

Si la negligencia y el trauma persisten en la adolescencia, la adolescente interior traumatizada puede convertirse en un «yo protector» más rígido y desafiante que persiste en la edad adulta.

El impacto del yo adolescente/protector en la vida adulta

El adolescente interior, o el «yo protector«, puede generar una serie de problemas en la vida adulta. El principal desafío es que esta parte de nosotras cree que está protegiendo nuestro verdadero yo, pero, en realidad, está perpetuando las viejas creencias patriarcales que heredamos. De manera inconsciente, el adolescente interior puede estar dañándose a sí mismo sin darnos cuenta. Lo complicado es que, al ser tan similar a nuestra conciencia adulta, a veces es difícil identificar cuándo esta parte ha tomado el control de nuestra mente y nuestras decisiones.

La adolescente interior rebelde puede llegar a ser autodestructiva para nuestra versión adulta si no contamos con la guía y la protección de la madre interior. Aquí es donde entra la importancia de integrar una voz interna equilibrada y compasiva: la madre interior. Esta parte de nosotras es la que puede ofrecer consuelo, guía y una perspectiva más racional, ayudándonos a manejar la agitación emocional y los impulsos de la adolescente interior.

Es fundamental reconocer cómo interactúan estas dinámicas y trabajar activamente en sanar tanto a la adolescente interior como a la madre interior. Abordar las heridas emocionales y las creencias limitantes de la adolescencia es crucial para lograr un mayor equilibrio emocional y tomar decisiones más conscientes y saludables en la vida adulta. A través de la autoconciencia, el autocuidado y la transformación personal, podemos liberarnos de patrones de pensamiento y comportamiento dañinos, promoviendo una relación más sana y empoderada con nosotras mismas y con los demás.

Cómo la Adolescente Interior se asomó a mi relación de pareja

Para hacerlo aún más complejo, puede que la «adolescente interior» también sienta rabia contra el «yo adulto» por alguna forma de negligencia interna. Por ejemplo, en mi relación de pareja anterior, tenía miedo de establecer límites debido a mi educación, donde me enseñaron que los límites amenazan la conexión.  Por ello, no sólo permanecí en silencio mientras me sentía invadida por las necesidades de mi pareja, ni no que ignoré completamente las mías propias. Tal situación estaba desencadenando una cada vez más creciente sensación de invasión e inseguridad en mi adolescente interior debido a mi historial de trauma con mi madre.

En ese estado, además de encontrarme muy estresada por otras razones, era incapaz de darme cuenta de que me estaba disociando en mi necesidad de hablar para protegerme. Tal disociación fue una forma de abandonar a mis niños internos al no haber una conciencia adulta presente. Me fusioné con ellos debido a la intensidad del estrés que estaba experimentando. Eventualmente, mi adolescente interior atacaría a mi pareja con rabia y trataría de avergonzarla como un último esfuerzo para comunicar mi necesidad de espacio, ya que mi yo adulto/madre interior no estaba llevando las riendas.

Mi programación para NO establecer límites hizo que me abandonara a mí misma y mi adolescente interior arremetió en un esfuerzo por protegerme. Me impactó escuchar los mensajes vergonzosos de mi madre saliendo de mi boca, en un intento de obtener espacio de mi pareja. Esta fue una llamada de atención para mí de que mi yo adulto necesitaba recuperar las riendas de mi  adolescente interior.

Cuando miré más profundamente y escuché lo que estaba ocurriendo, me di cuenta de que me había estado resistiendo a tomar medidas adultas empoderadas para establecer límites respetuosos porque, en algún nivel, todavía estaba «esperando que la buena mamá» en mi pareja lo hiciera primero. Me resistía a “tomar las riendas” en mi posición adulta porque había confundido erróneamente la maternidad interior con la carga agotadora de ser una hija paterna, que tenía que crecer demasiado rápido.

Me tomó tiempo ver finalmente que ser mi yo adulto (mi madre interior que cuida de mis niñas interiores) NO es una carga, sino una libertad,  porque se da una armonía interna, total integridad y optimismo cuando los niños interiores están energéticamente «arropados».  Sin la madre interna al volante, habrá una base de antecedentes crónica de agotamiento y tensión en el interior. Fue para mi una grata sorpresa sentir cuánta energía, alegría y calma interior surgieron cuando me comprometí a presentarme regularmente a mis niñas interiores, especialmente a mi adolescente interior.

Manifestaciones de Empobrecimiento Psicológico en mujeres neurodivernentes

En situaciones de estrés, recurrimos por defecto a los patrones aprendidos en la niñez

Momentos en los que nuestra conciencia adulta puede "fusionarse" con nuestro adolescente interior

  • Cuando sentimos presiones intensas en nuestra vida diaria
  • Cuando nos sentimos atrapadas, el estrés continúa y parece que no hay un final a la vista.
  • Cuando nos sentimos abrumadas por pensamientos y narraciones temerosas.
  • Cuando nos sentimos sin apoyo, sin amor y sin valor por parte de las personas que nos rodean.
  • Cuando nuestra historia traumática (especialmente de la adolescencia) se desencadena por los acontecimientos actuales.
  • Cuando no se siente seguro ser vulnerable y pedir ayuda.
  • Cuando realmente nos sentimos fuera de control pero sentimos la presión de mostrar una fachada de autocontrol.

Mirando esta lista, resulta interesante ver que la naturaleza de los desafíos que enfrentamos como adultas en este momento de la historia es similar a los desafíos que podemos haber enfrentado en el desarrollo como adolescentes:

  • MUCHAS cosas se desconocen en este momento sobre nuestro futuro.
  • El estrés continúa sin un final claro a la vista (ya que el tiempo de los niños parecía interminable)
  • El mundo está cambiando y las reglas del nuevo mundo aún no están claras (Un tiempo de transición)
  • Las relaciones y los sistemas de apoyo pueden estar cambiando y es posible que no se sientan tan solidarios como en el pasado.
  • Nuestros sistemas nerviosos pueden sentirse abrumados por la presión en las redes sociales de ser bombardeadas con crisis continuas en las noticias.
  • Las creencias y valores que dábamos por sentado se están volviendo más impracticables y obsoletos (similar a cómo cuando éramos adolescentes y tuvimos que dejar atrás la infancia para adaptarnos a un nuevo mundo adulto)
  • La tensión entre pertenencia y autonomía se activa. Es posible que estemos reexaminando nuestros valores y creencias, lo que también puede causar conflictos con las personas en nuestras vidas e instituciones.

Cuándo y Por Qué tu Adolescente Interior puede Activarse Ahora

Cuando sufrimos estrés, nuestro cerebro, naturalmente, recurre a nuestra programación temprana para sobrevivir. En tiempos de estrés excesivo, en lugar de ser más vulnerables y auténticas, es comprensible que entremos más bien en un modo de lucha/protección. Si estamos experimentando una o más de las situaciones anteriores en la lista, es probable que estemos fuera de nuestra «ventana de tolerancia» y nos sintamos desreguladas y con mucha necesidad de nuestro» yo adulto» o «madre interior» para calmar y regular nuestro sistema nervioso.

Si no reconocemos esto y tomamos medidas para cuidar de nosotras mismos, bajar el ritmo, relajarnos y descomprimirnos, entonces es más probable que nos fusionemos con nuestra «adolescente interior» angustiada. La adolescente interior, en particular, puede ir a la batalla con los adolescentes interiores de otras personas y, en general, crear turbulencias dentro de su sistema a través de pensamientos negativos, búsqueda de sensaciones y sobreactuación.

Hasta aquí la primera parte de esta serie dedicada a la Adolescente Interior. En entradas posteriores te ofreceré la segunda parte, donde cubriré aspectos tan interesantes como:

  • Lo que nuestras adolescentes internas realmente necesitan para sentirse seguras y protegidas.
  • Las muchas formas en que una adolescente interior segura puede transformar tu vida.
  • Cómo una adolescente interior segura puede actuar como un poderoso puente hacia la verdadera presencia.
  • Preguntas poderosas para la reflexión

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Maribel Ariza © 2023. All Rights Reserved

Soy Maribel Ariza, psicóloga especializada en trauma complejo y neurodivergencia en mujeres.

Acompaño a mujeres que llevan años sosteniendo demasiado —pensando, adaptándose, exigiéndose— a comprender cómo funciona realmente su sistema nervioso y a construir una forma más amable de estar consigo mismas.

Mi enfoque es integrativo, profundo y respetuoso con los ritmos del cuerpo. No se trata de encajar en métodos estándar, sino de encontrar una forma de acompañamiento que tenga sentido para ti.

Si algo de lo que has leído aquí ha resonado contigo, puedes escribirme. Estaré encantada de leerte.

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