soy maribel ariza

Psicóloga Integrativa especialista en Trauma Complejo y Neurodivergencias, creadora del método de Psicologia Sagrada para Excepcionales.

Pero antes que eso, soy una mujer profundamente sensible que tuvo que atravesar muchas reinvenciones para comprender su propia naturaleza.

Maribel Ariza, Psicóloga Sanitaria Especialista en Trauma

Hoy acompaño a mujeres excepcionales en procesos de comprensión profunda, integración de su identidad y liderazgo consciente.

Mi trabajo integra psicología del trauma, psicoeducación en neurodivergencia y una mirada que reconoce también la dimensión profunda y transformadora de la conciencia humana.

Más allá del trabajo terapéutico, también facilito procesos de mentoría para mujeres que desean liderar su vida y/o proyecto profesional con más verdad, consciencia y coherencia.

Mi historia empieza mucho antes de que pudiera poner palabras a todo eso…

Durante muchos años sentí que no encajaba

Desde muy pequeña supe que percibía el mundo de una manera distinta.

Era una niña curiosa, sensible y profundamente observadora: las palabras, los silencios, los gestos… todo tenía un peso particular.

Mi historia, además, comenzó en un momento difícil para mi familia.

Cuando mi madre estaba embarazada de mí, la pérdida inesperada de su hermana menor dejó una huella profunda en todo el sistema familiar. De algún modo, mi llegada al mundo quedó entrelazada con ese duelo.

Crecí en un hogar donde aquella ausencia estaba presente de muchas maneras:
en los silencios, en los gritos, en las emociones contenidas, en las disfuncionalmente expresadas, en la intensidad que impregnaba el ambiente.

Para una niña como yo, ese contexto significó aprender muy pronto a enmascarar, adaptarme y sostener.

Aprendí a observar con atención el comportamiento de quienes me rodeaban, y a ajustar mi forma de estar para no añadir más peso a lo que ya era difícil.

Durante mucho tiempo, esa capacidad de adaptación fue mi forma de supervivencia.

A lo largo de mi vida hubo muchos comienzos

La sensibilidad que marcó mi infancia, siguió acompañándome con el paso de los años.

Había en mí una necesidad profunda de comprender las emociones, la conciencia y el sentido de la vida. Esa búsqueda me llevó por caminos muy distintos.

Nunca dejé de estudiar. A veces en espacios académicos y otras de forma más autodidacta, pero siempre guiada por esa curiosidad persistente por comprender la complejidad de la mente humana y los procesos de transformación.

Viví intensamente el amor y la maternidad —lo cual sigo haciendo a día de hoy—, con toda la belleza y la complejidad que ambas experiencias traen consigo.

Hubo también ambiciosos proyectos, emprendimientos disruptivos, mudanzas entre países y varios momentos en los que la vida me invitó —o me obligó— a reinventarme.

Con el tiempo comprendí que cada uno de esos movimientos estaba, de algún modo, empujándome hacia una comprensión más profunda de mí misma y de mi naturaleza como mujer.

En medio de ese recorrido, el yoga llegó con fuerza a mi vida.

Durante más de quince años enseñé kundalini yoga y acompañé a muchas personas en procesos de crecimiento personal y transformación interior. 

Aquella  fue una etapa de aprendizaje inmenso. Pero con el tiempo, comprendí que necesitaba integrar todo aquello con un marco más profundo de comprensión psicológica y neurocientífica.

Por eso decidí retomar los estudios de psicología que había iniciado años atrás.

Lo que entonces no sabía es que todavía faltaba una pieza fundamental en el puzzle de mi propia historia.

El rompecabezas empezó a tener sentido mucho más tarde

Había estudiado psicología, había explorado caminos de crecimiento personal y espiritual, había acompañado a otras personas en procesos de transformación… y, aun así, sentía que todavía faltaba una pieza importante para entender mi propia historia.

Esa pieza no apareció hasta los 48 años, cuando recibí mi diagnóstico de autismo y alta capacidad.

No lo recibí como una etiqueta que me limitara.

Fue, más bien, una clave de lectura.

Pero comprender realmente lo que significaba ser autista, tener altas capacidades y haber sobrevivido a una historia de trauma relacional complejo no solo llevó tiempo, también investigación, estudio, reflexión y un proceso personal de integración.

Muchas experiencias de mi vida empezaron a reorganizarse bajo una nueva luz: mi intensidad, mi forma de percibir el mundo, mi necesidad constante de comprender en profundidad lo que ocurre dentro de las personas.

También pude reconocer algo que hasta entonces había pasado desapercibido para mí: el enorme esfuerzo de adaptación que había sostenido durante años.

Como ocurre con muchas mujeres, mi forma de estar en el mundo había pasado desapercibida durante décadas.

Aprendemos pronto a observar, a ajustarnos, a sostener lo que ocurre a nuestro alrededor. Y muchas veces ese aprendizaje nos permite funcionar externamente… pero a costa de una gran exigencia interna.

Comprender esto transformó profundamente mi manera de mirar mi propia historia. Y también transformó mi forma de acompañar a otras mujeres.            

Comprender mi propia historia transformó mi forma de acompañar

Así se ve la Múltiple Excepcionalidad en el Autismo

Cuando empecé a mirar mi propia historia con más profundidad, algo cambió también en mi forma de entender el sufrimiento.

Durante años había acompañado procesos de crecimiento personal desde el trabajo con el cuerpo, la conciencia y la práctica espiritual. Más tarde, la psicología clínica me ofreció un marco sólido para comprender el trauma, el sistema nervioso y los procesos terapéuticos.

Pero fue al integrar mi propia experiencia cuando muchas piezas empezaron a encajar de verdad.

Comencé a reconocer algo que hoy veo con mucha frecuencia en consulta:

Muchas mujeres profundamente sensibles llegan a la adultez con una historia marcada por sobreadaptación, agotamiento y una sensación persistente de no encajar del todo en el mundo.

Han desarrollado una enorme capacidad para percibir, comprender y sostener a los demás.

Pero rara vez han tenido un espacio donde ellas mismas puedan ser comprendidas en profundidad.

A menudo han pasado años intentando explicarse a sí mismas por qué vivir parece requerirles un esfuerzo tan grande.

Mi trabajo nace precisamente de ese lugar.

De acompañar a mujeres que sienten que han pasado demasiado tiempo intentando adaptarse…
y que ahora desean comprenderse, reconciliarse con su sensibilidad y construir una forma de vivir más coherente con quienes son realmente.

PSICOLOGÍA SAGRADA: MÁS QUE UN ENFOQUE TERAPÉUTICO

Soy psicóloga sanitaria colegiada y mi trabajo está profundamente informado por la psicología del trauma.

A lo largo de mi trayectoria me he formado en distintos enfoques terapéuticos que me permiten acompañar procesos complejos con rigor y sensibilidad.

Entre ellos:

• psicoterapia integrativa profunda
• EMDR, trauma y apego
• Terapias Contextuales (ACT, PAF, DBT)
• Autocompasión y Mindfulness
• IFS y regulación somática

Sin embargo, con los años he comprendido que el proceso terapéutico más profundo no ocurre únicamente a través de una técnica.

Ocurre cuando una persona puede comprender su historia, escuchar su cuerpo y reconstruir una relación más compasiva con su propia naturaleza.

Por eso mi forma de trabajar integra diferentes dimensiones de la experiencia humana:

la mente, el cuerpo, la historia personal, la identidad…
y también el sentido profundo que cada persona da a su vida.

A esta forma de acompañamiento la llamo Psicología Sagrada.

No como algo separado de la psicología, sino como una manera de reconocer que los procesos de sanación más profundos implican también reconciliarnos con quienes somos y con la forma única en la que habitamos el mundo.

mi por qué

Estoy aquí porque he visto demasiadas veces la misma historia.

Mujeres excepcionales que han pasado gran parte de su vida diluyéndose para adaptarse.

Mujeres inteligentes, perceptivas y comprometidas que han aprendido muy pronto a sostener mucho: emociones, expectativas, responsabilidades, relaciones.

Durante años funcionaron.
Salieron adelante.
Cumplieron con todo lo que parecía esperarse de ellas.

Pero en algún momento apareció una pregunta difícil de ignorar:

¿Por qué vivir me resulta tan exigente?

Muchas de las mujeres que llegan a este espacio han descubierto tarde que su forma de percibir el mundo tiene que ver con su alta sensibilidad o con una forma particular de funcionamiento neurológico que durante años pasó desapercibida.

Otras simplemente saben que han vivido demasiado tiempo intentando encajar en lugares que no estaban hechos para ellas.

Mi trabajo consiste en ofrecer un espacio donde esa historia pueda ser comprendida con profundidad.

Un espacio donde el sistema nervioso pueda encontrar seguridad, donde la sensibilidad deje de ser vivida como un problema y donde cada mujer pueda reconstruir una relación más honesta con quien realmente es.

Porque cuando una mujer comprende su historia y reconecta con su naturaleza, algo esencial cambia.

Y ese cambio no solo transforma su vida.

También transforma la forma en que habita el mundo.

¿hablamos?

Si algo de esta historia ha resonado contigo

Quizá no sea casualidad que hayas llegado hasta aquí.

Muchas de las mujeres que acompaño llegan a este espacio después de años intentando comprenderse solas.

Si sientes que podría ser el momento de explorar tu propio proceso con acompañamiento profesional, puedes solicitar una llamada de valoración.

Un espacio breve para conocernos, escuchar tu situación y ver si mi forma de trabajar es adecuada para ti.

o bien...

Si prefieres seguir explorando estos temas a tu propio ritmo, puedes suscribirte a La Pausa Sagrada, mi newsletter para excepcionales.

Comparto reflexiones sobre sensibilidad profunda, neurodivergencias, trauma, liderazgo y conciencia que quizá puedan acompañarte en tu propio proceso.

 

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