¿Soy PAS o estoy traumatizada? Navegando la Intersección entre la Sensibilidad y el Trauma

¿Soy PAS o estoy traumatizada? Navegando la Intersección entre la Alta Sensibilidad y el Trauma

Descubre cómo las Mujeres Altamente Sensibles son afectadas por el trauma y cómo diferenciar entre sensibilidad innata y experiencias traumáticas

¿Soy PAS o estoy traumatizada? ¿o estoy traumatizada porque soy PAS? Llevo un tiempo investigando a cerca de la intersección entre la alta sensibilidad y el trauma, tarea difícil y controvertida donde las haya, puesto que existen puntos de vista contrapuestos y muy poca o nula literatura científica al respecto. Es decir, que lo que me encuentro son una diversidad de opiniones y enfoques con muy poca solidez y escasa profundidad. En este punto en el que me encuentro, me he propuesto poner en orden aquellas ideas clave que nos pueden ayudar a comprender el origen de la alta sensibilidad y su relación con las experiencias traumáticas, ya sean propias o ajenas. Esto supone entrar en terreno pantanoso y traspasar los límites de lo empíricamente demostrado. Te invito a que exploremos juntas esta intersección a través de la reflexión profunda e intuitiva que nos caracteriza como PAS.

Tabla de contenidos

Una Sensibilidad Extraordinaria: Así somos las PAS (Personas Altamente Sensibles )

La alta sensibilidad es un concepto ampliamente estudiado, pero no ha sido hasta los últimos años que se le está prestando la atención que merece en el ámbito de la psicología profesional. No en vano, es un rasgo que presenta el 30% de la población mundial y un 75% de las personas que solicitan acompañamiento psicoterapéutico (Aaron, E. , 2005). 

Las personas altamente sensibles (PAS) presentan lo que se conoce como sensibilidad de procesamiento sensorial, es decir, una mayor sensibilidad o intensidad  en la forma en la que se procesa la información del exterior a través de los sentidos. La sensibilidad de procesamiento sensorial se caracteriza por:

  1. Procesamiento Profundo de la Información: las PAS tenemos una capacidad perceptiva global y holística que nos hace procesar de forma lenta y profunda la información del exterior. Por ello tendemos a la rumia, pensamos cada problema desde distintas perspectivas y necesitamos recabar mucha información antes de tomar decisiones o actuar.
  2. Sobreestimulación y frecuente saturación: percibimos una mayor cantidad de estímulos y de mejor calidad. Por ejemplo, en una charla con amigos en un bar, las PAS percibimos con intensidad la conversación, la música que puede estar sonando, los olores de la comida, el calor de estar en un espacio cerrado con más gente, etc. Mientras que las no PAS pueden centrarse con facilidad en la conversación, a nosotras nos resultará más difícil por la intensidad con la que estamos percibiendo gran cantidad de información muy diversa a la vez. Esto hace que nos saturemos con frecuencia y tengamos la necesidad de retirarnos
  3. Alta emocionalidad y empatía: vivimos nuestra emociones con mayor intensidad, tanto las negativas como las positivas. Tenemos una gran capacidad empática, nos ponemos fácilmente en el lugar del otro y no somos capaces de herir a los demás de forma voluntaria. Sin embargo, esta emocionalidad y esta empatía pueden dar lugar a cierta dependencia emocional.
  4. Gran sensibilidad sensorial y gran capacidad para percibir  sutilezas: las PAS somos capaces de captar detalles que la mayoría pasa por alto debido a nuestro sistema neurosensorial más desarrollado. Podemos percibir cambios en el entorno, en los demás y captar con facilidad el lenguaje no verbal, entre otras cosas.

Es importante aclarar que para ser considerada una PAS debes presentar todas y cada una de estas características, ya que es frecuente confundir este concepto con otros como el TDAH o el TEA. Pero este tema lo dejaremos para otro artículo.  Si quieres saber más a cerca del rasgo, puedes visitar la web de PAS España aquí.  

El trauma y su impacto profundo en la vida

La palabra trauma, de origen griego, significa herida. Un trauma, en el ámbito de la psicología, es una herida emocional o psicológica que aparece tras exponernos a un evento vivido como traumático. Es decir,  una experiencia abrumadora que puede dejar una profunda huella en nuestras vidas, afectando tanto nuestro bienestar emocional como físico. Al adentrarnos en el concepto de trauma, es importante comprender su impacto multifacético en las vidas de quienes lo experimentan. 

El trauma puede definirse como una experiencia abrumadora que supera la capacidad de afrontamiento y procesamiento emocional de una persona. Puede ser causado por eventos traumáticos únicos, como accidentes o desastres naturales, o por experiencias traumáticas prolongadas, como el abuso o la violencia interpersonal. El trauma puede afectar a las personas en múltiples niveles, incluyendo el emocional, el cognitivo, el físico y el espiritual. 

Tipos de trauma psicológico

Existen diferentes clasificaciones del trauma psicológico en función de su gravedad, origen, naturaleza o momento temporal.  En este sentido, podemos hablar de trauma agudo, crónico o complejo (por su gravedad); traumas naturales o interpersonales (origen); único o acumulativo (temporalidad); de la infancia o de la vida adulta.

Voy a centrarme aquí en los traumas interpersonales acumulativos con origen en la infancia, ya que a mi modo de ver, es el tipo de trauma no resuelto que suelen presentar las PAS que acuden a consulta. Es el denominado trauma complejo del desarrollo o trauma de apego, resultado de relaciones interpersonales negativas a lo largo del tiempo. Son los más difíciles de identificar y abordar, ya que se manifiestan de forma sutil, creando un patrón de comportamiento disfuncional o auto-destructivo y suelen requerir de terapia psicológica para su recuperación.

alta sensibilidad y trauma

Impacto duradero en la vida

Los diferentes tipos de trauma pueden dejar una huella profunda en la vida de alguien, afectando su bienestar emocional, su salud mental y física así como su capacidad para funcionar en el mundo, ya que pueden socavar nuestra autoestima, generar sentimientos de culpa o vergüenza, distorsionar la percepción de nosotras mismas y de los demás y afectar nuestras relaciones interpersonales. Las personas que han experimentado trauma pueden enfrentar una variedad de síntomas, como ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático y dificultades en las relaciones interpersonales. Es importante buscar ayuda y apoyo profesional para abordar los efectos del trauma complejo del desarrollo y trabajar hacia la sanación y el bienestar.

La terapia psicológica especializada puede ayudarte a procesar y sanar tus heridas emocionales, desarrollar habilidades de afrontamiento saludables, establecer límites en las relaciones y fortalecer tu autoestima y resiliencia emocional. Se requiere además un enfoque integrativo y multidisciplinar, donde es importante buscar apoyo social y construir relaciones saludables  para fomentar la recuperación y el bienestar físico y emocional a largo plazo.

Alta Sensibilidad y Trauma: el Impacto único del Sufrimiento Emocional en las PAS

Antes de abordar la relación entre el trauma y la alta sensibilidad, considero oportuno hacer una primera distinción entre la alta sensibilidad y la hipersensibilidad emocional, pues son rasgos diferentes y en algunos aspectos incluso opuestos. La principal diferencia radica en cómo aparecen ambas en la persona. Mientras la Alta Sensibilidad tiene un gran componente genético, la hipersensibilidad es algo adquirido. Pero también es posible que una PAS sea, además, hipersensible.

Me refiero aquí a la hipersensibilidad como una fuerte reacción emocional ante ciertos comentarios o críticas. Una persona emocionalmente hipersensible puede estallar de tristeza y llanto o bien puede tener un ataque de ira debido a una experiencia traumática vivida que está sin sanar. Es decir, al no haber expresado sanamente sus emociones en el momento traumático, es ahora cuando pueden escaparse reacciones emocionales desproporcionadas. Una persona hipersensible también se muestra susceptible, algo que no vemos en todas las PAS (sólo en las que padecen algún tipo de trauma no resuelto).  

Una persona hipersensible reacciona sin medir el daño de sus reacciones en el otro. Sin embargo, una PAS puede tener intensas emociones, pero éstas no suelen estar dirigidas a personas. Y si así fuese, tenderán a pedir disculpas al percibir el malestar que han generado en el otro. Por lo tanto, la diferencia radica en que una PAS manifiesta sus emociones procurando no dañar a nadie con su actitud (debido a la fuerte presencia de la empatía); mientras que en el caso de la hipersensibilidad, las reacciones son dañinas e incluso pueden existir chantajes emocionales en el discurso.

Componente genético de la Alta Sensibilidad y el Trauma Perinatal: cuando todo comienza antes de nacer

Si bien la sensibilidad al procesamiento sensorial (SPS) todavía se entiende, en parte, como una condición innata del sistema nervioso de una persona que se hereda, las investigaciones sugieren recientemente que la SPS es de naturaleza epigenética, es decir, el entorno influye en la expresión de los genes. Durante la última década, los investigadores se han estado preguntando activamente qué genes causan sensibilidad, pero aún no han llegado a un consenso acordado y se continúa debatiendo la predisposición genética para la sensibilidad al medio ambiente. 

El trauma perinatal se refiere a experiencias traumáticas que ocurren durante el período que rodea el parto y el nacimiento. Estas experiencias pueden incluir complicaciones médicas durante el embarazo, el parto traumático, la hospitalización del recién nacido, la separación de la madre y el bebé, entre otros eventos estresantes, como podría ser una gestación violenta. La relación entre el trauma perinatal y la vulnerabilidad al malestar psicológico radica en cómo estas experiencias pueden impactar la salud mental de la madre y del bebé. Para la madre, el trauma perinatal puede desencadenar trastornos como el trastorno de estrés postraumático (TEPT), depresión postparto, ansiedad y dificultades en el apego con el bebé. En cuanto al bebé, el trauma perinatal puede afectar su desarrollo emocional y cognitivo, aumentando el riesgo de problemas de conducta, dificultades en el apego y problemas de salud mental a lo largo de su vida. 

Dado que la alta sensibilidad es algo que se hereda, las PAS tienen al menos un progenitor que también es altamente sensible. Está demostrado que el trauma también puede ser heredado, también hay herencia epigenética en los trastornos traumáticos. La afirmación de la Psicóloga Alba Segundo, en su articulo publicado en el blog de IPSIA Psicólogos,  «las PAS no son una especie de estirpe milenaria que ha ido pasando el trauma de generación en generación», me llama especialmente la atención. Y no es que difiera de ella, simplemente pienso que el tema es mucho más complejo y su debate trasciende los límites de lo que puedo abordar en este artículo. Pero si me permito dejar caer que muchas PAS comparten la creencia de que somos una especie de «aristocracia» en el sentido más puro y noble de la palabra, ya que poseemos un profundo sentido de la moral, la justicia y la ética y compartimos unos valores mucho más elevados que el resto de la humanidad, y que precisamente nuestro propósito es expandir esa condición y elevar a otros para avanzar juntos como humanidad hacia un nuevo paradigma.

Desafortunadamente, desde de el principio de los tiempos han habido personas que les cuesta concebir la existencia de otros seres humanos distintos a ellos y a la mayoría. Pero afortunadamente, de un tiempo a esta parte, las investigaciones nos dicen que sí, que las personas diferentes o neurodivergentes son una realidad y que hay justificaciones evolutivas para nuestra existencia

trauma perinatal y alta sensibilidad

Desde un punto de vista neuroconductual,  la investigación ha ido mostrando cómo ciertos rasgos de personalidad tienen un reflejo en sistemas cerebrales que se activan en mayor o menor medida en función de la “cantidad” de rasgo que se posea. En el caso de las personas altamente sensibles, la investigación también ha mostrado que el nivel de alta sensibilidad medido con instrumentos válidos y fiables, está relacionado con la activación de áreas que tienen que ver con el procesamiento profundo y sutil de información, información visual, pero también información emocional. 

En este sentido, cuando la madre experimenta un evento traumático durante el embarazo, libera hormonas del estrés como el cortisol, que pueden atravesar la placenta y afectar el sistema de procesamiento sensorial del feto, incluído el hipocampo y el sistema límbico. Las investigaciones sugieren que el estrés prenatal puede reducir el tamaño del hipocampo fetal y alterar su estructura y función, lo que puede afectar la capacidad del bebé para procesar y recordar información. El sistema límbico, que incluye estructuras como el hipotálamo, la amígdala y el cuerpo estriado, está involucrado en la regulación de las emociones y las respuestas al estrés. El estrés prenatal puede llevar a una mayor actividad en la amígdala fetal, lo que podría predisponer al feto a una mayor sensibilidad al estrés y una respuesta emocional más intensa en la vida postnatal.

Así se genera el Trauma del Desarrollo en una NAS (Niña Altamente Sensible)

En la etapa infantil, padecemos situaciones desagradables que, debido a nuestra inmadurez emocional, vamos guardando de forma irresuelta en nuestro subconsciente. De niña solía escuchar «no llores», «no tengas miedo», «no te enfades» … y otros muchos «NOes» que de alguna forma me obligaban a  no expresar ni liberar mis emociones. Después, como adulta, fui viviendo situaciones que me llevaron a sentir ese mismo dolor infantil que no supe resolver antaño.

Esas situaciones son como una especie de reflejo de lo que vivimos en el pasado. En el caso de una NAS esto puede resultar en un auténtico calvario, ya que al vivirlo todo con una intensidad 10 veces mayor que la media, las emociones enquistadas también son mayores. El nivel de información y conexión que tiene una NAS de la realidad es muy alto. Perciben hasta el más mínimo detalle, por lo que las carencias afectivas, la falta de educación emocional y las situaciones poco apropiadas, se pagarán caras. Esto sucede cuando en nuestra infancia, las principales figuras de apego no nos prestan atención, nos ignoran, nos mandan a callar, nos dicen que no lloremos, nos dan responsabilidades que no nos corresponden, nos sobreprotegen en exceso, le restan importancia a lo que nos pasa o, por el contrario, le dan demasiada… O mucho peor aún, nos pegan o nos violan (aunque no hace falta llegar a estos extremos para crear niñas traumatizadas, la gente no imagina ni por un momento lo fácil que es generar un trauma a una persona) porque aún no tenemos una voz interior desarrollada o consciente. 

Por lo tanto, todo eso que recibimos de fuera se queda anclado en “la fosa séptica” de nuestro cerebro, desde donde (desafortunadamente) se va formando la voz consciente o racional que nos acompañará de adultos. Si las voces que hemos tenido de referente no han sido lo suficientemente amorosas o adaptativas, es bastante probable que nuestra voz interior siga el mismo camino. Nos empezaremos a machacar, a compadecer, a victimizar… creeremos que no podemos enfrentarnos al mundo con nuestros recursos o que no necesitamos nada de nadie. Pensaremos que el mundo nos lo debe todo o que nadie nos amará nunca. En fin, cada una se montará su película a cerca de quién es y de lo que es la vida, cargando a la vez nuestras heridas emocionales a cuestas.

 

Salir del piloto automático: cambiar la programación no es tarea fácil

A medida que suceden nuestros eventos vitales, éstos son interpretados por esa voz interior, lo que a su vez desencadenará una emoción que liberará en nuestro torrente sanguíneo miles de sustancias (dopamina, noradrenalina, norepinefrina, serotonina… ) las cuales, a su vez,  generarán las sensaciones que retroalimentarán nuestra voz interior para corroborar que estamos en lo cierto. Y así, en un bucle sin fin. Hemos repetido tanto este ciclo, que nuestro cuerpo se ha vuelto nuestra mente. Es decir, aunque empecemos a cambiar nuestro diálogo interno, no sentimos cambios. En realidad, se requiere un trabajo terapéutico mucho más profundo. 

 

Es como si el cuerpo hubiera secuestrado a la mente y frente a los mismos eventos que hemos vivido anteriormente, nuestro sistema libera por si solo todas esas sustancias. A su vez, las conexiones neuronales que se han ido formando a lo largo de los años conforman ya un entramado sólido muy difícil de cambiar (pero no imposible). Es como si estuviéramos programadas para ser de una manera concreta. De ahí que muchas veces no valga con el mero hecho de querer cambiar o de ser consciente de la problemática que hay dentro de ti. Este trabajo interno del que te hablo puede implicar que toda tu vida cambie y ya no vuelvas a ser la misma nunca más. Todo tu mundo y prácticamente todas las personas que te rodean cambiarán… Cuando tu realidad cambia, es una señal clara de que tu interior ha cambiado. Créeme, a mi me ha pasado. 

Comprendiendo las diferencias: Alta Sensibilidad vs. Trauma

Si has llegado hasta aquí, podrás deducir que, aunque la Alta Sensibilidad y el Trauma son conceptos distintos (el primero es un rasgo de personalidad neutro, que requiere ser reconocido y gestionado, mientras que el segundo puede derivar en un trastorno que necesita ser sanado), están íntimamente relacionados (las PAS son más propensas a generar trauma) y pueden darse simultáneamente (lo que hace más complejo y difícil el proceso de sanación). 

Ser PAS no es lo mismo que estar traumatizada

Hay personas que no son PAS y se identifican  con aspectos muy concretos de la alta sensibilidad como justificación de algún problema en algún área de sus vidas, llegando a pensar que son PAS no reconocidas que necesitan gestionar sus traumas.

Por otro lado, a algunas PAS les resulta difícil reconocer su rasgo y se acogen a la narrativa de que son personas traumatizadas, aprendiendo a patologizar su naturaleza, con las consecuencias nefastas que eso conlleva. Las PAS nos hemos visto y sentido unos «bichos raros» toda la vida, pero sentirse diferente no es igual a estar traumatizado o al revés, el trauma no te hace diferente.

De las investigaciones extraemos que existen diferencias entre los cerebros y sistemas nerviosos de las personas traumatizadas y las que no lo están. Pero la diferencia en las PAS es distinta, se refiere al funcionamiento cerebral y del sistema nervioso que les hace tener unas particularidades que no comparten con el resto.

Existen algunas personas que, tras haber pasado un trauma, lo procesan y sanan de una manera en la que aprenden a apreciar más la vida o son más agradecidos, pero no debemos confundir esto con la capacidad innata para vivir más intensamente de las PAS.

El procesamiento profundo de la información que se da en las PAS y la rumia típica que se da en muchas personas traumatizadas no es lo mismo, aunque se parecen mucho. Este procesamiento también va en el sentido bueno o positivo y es solo una parte de la persona. Así mismo, la percepción del detalle y las sutilezas, que es tan característica del rasgo no es lo mismo que la hipervigilancia que se da en algunas personas debido a un sistema nervioso traumatizado. Por otro lado, la emocionalidad de las PAS, va en los dos sentidos, y también la tenemos para las cosas buenas. Las cosas nos afectan para bien o para mal, estemos traumatizados o no.

El tema de la sobreestimulación y las sensibilidades sensoriales es lo que más se puede confundir  con un sistema nervioso traumatizado. las PAS no traumatizadas se sobreestimulan debido a un sistema nervioso «refinado», no a un trauma no sanado

Trauma Perinatal, NAS y Empatía

Como hemos visto, el trauma perinatal deja una impronta en el cerebro y el sistema nervioso, haciéndolo más reactivo a las amenazas externas. Los NAS tienen un sistema nervioso más reactivo a todo tipo de estímulos, no solo a los que identifica como malos o negativos. Esta es una de las claves para no confundir a alguien altamente sensible con alguien traumatizado que no lo es.

Estudios con resonancias magnéticas, han puesto de manifiesto que en el cerebro de las PAS hay una mayor activación en el área de la empatía que en el de las no PAS. A día de hoy, no hay estudios de trauma donde se les haya hecho pruebas del cerebro a personas traumatizadas y todas muestren una activación mayor de esas zonas cerebrales, indicando que su empatía se haya hecho más intensa a consecuencia del trauma vivido. Aunque si es cierto que algunas personas, en su procesamiento del trauma, se vuelven más empáticas con el sufrimiento ajeno como fruto de su gestión del trauma.

Los NAS que no han sufrido trauma ya presentan manifestaciones continuas de su alta sensibilidad desde muy pequeños, mostrando una necesidad de paliar las injusticias o planteándose la cuestiones trascendentales como la muerte o la idea de infinito. Son muy observadores, imaginativos, creativos y altamente empáticos, entre otras manifestaciones propias del rasgo.

La invalidación PAS... ¿traumatiza?

He sufrido la invalidación constante desde pequeña, como la mayoría de las PAS. Solemos toparnos con un mundo que nos dice que «somos demasiado sensibles», que nos lo tomamos todo a la tremenda o a personal, que no sabemos divertirnos, que no vamos a llegar a ningún sitio siendo así, etc. Las PAS somos personas intensas y de hecho, esta intensidad es una de las caras de la alta sensibilidad que peor manejamos, especialmente en las relaciones sociales. Solemos tener problemas de diferencias de intensidades con el resto de los mortales y nos aburrimos con las charlas superficiales. Como he comentado anteriormente al hablar del trauma del desarrollo, este tipo de invalidación, si procede de las principales figuras de apego y es mantenida a lo largo del tiempo, puede dar origen a un trauma del desarrollo, generalmente oculto. 

Por otro lado,  es cierto que algunas personas se vuelven más intensas producto del trauma (de cualquier tipo), pero sólo en ciertos aspectos de su vida. No se vuelven intensas para todo, como las PAS. También puede ocurrir que algunas personas se vuelvan más «sabias» tras haber sufrido trauma, adquieren nuevos valores y priorizan ciertos aspectos que antes no priorizaban, volviéndose  en cierto modo personas más «profundas». Pero esto no le ocurre a todo el que tiene un trauma, simplemente es consecuencia del procesamiento del mismo.

Estrategias de afrontamiento y resiliencia

En realidad, las PAS son muy resistentes al dolor, ya que al vivir un mayor número de estímulos, aprenden a  lidiar con ellos como buenamente pueden. Así que, aunque solemos ser tachadas de quejicas o susceptibles, la realidad es muy diferente. Pero la mayoría estamos llenas de traumas emocionales no resueltos que nos impiden relacionarnos de una forma más saludable con nosotras mismas y con los demás. A continuación te comparto los hábitos que a mi me han ayudado a regularme y mejorar mi bienestar: 

  • Comienza por la autoobservación. Observa tus patrones mentales y emocionales sin juzgar, como lo haría un antropólogo inmerso en una cultura desconocida. Esta práctica te ayudará a identificar tus reacciones automáticas y a entender mejor tus emociones.
  • Escribe: Cuando te sientes fatal y emocionalmente desbordada, escribir puede ser una herramienta poderosa para despejar la mente y procesar tus sentimientos. Toma un cuaderno y anota tus sensaciones físicas, pensamientos y cualquier otra cosa que necesites expresar,  te permitirá liberar emociones reprimidas y ganar claridad mental.
  • Aprende a aceptar tu sufrimiento con honestidad. Reconoce tus emociones, incluso las más difíciles, sin tratar de negarlas o evitarlas. La aceptación no es resignación, es reconocer tus experiencias sin juzgarlas. Construimos muros de razón para no sentir el dolor emocional. 
  • Busca inspiración en otras PAS que hayan aprendido a vivir bien con su sensibilidad. Rodéate de personas que se valoran a sí mismas y que han aprendido a gestionar sus emociones de manera saludable. Aprende de su ejemplo y encuentra el apoyo que necesitas para tu propio camino de sanación.
  • Explora tu sentido de vida y tus objetivos personales: Muchas personas altamente sensibles se sienten perdidas en cuanto a su propósito en la vida, pero dedicar tiempo a reflexionar sobre tus valores y pasiones puede ayudarte a encontrar dirección y significado.
  • Toma pequeñas acciones diarias para avanzar hacia tu bienestar emocional. Crea un plan de acción con objetivos específicos y busca apoyo en terapeutas, grupos de apoyo o amigos que puedan acompañarte en este viaje. Recuerda que el proceso de sanación puede ser difícil, pero con paciencia, autocompasión y el apoyo adecuado, es posible encontrar paz y equilibrio emocional.

¿Soy PAS o estoy traumatizada?: Conclusiones y reflexión personal

En conclusión, la experiencia de ser una persona altamente sensible (PAS) puede llevarnos a enfrentarnos a un sufrimiento extremo, marcado por la autocrítica, el autocastigo y la lucha interna. Personalmente, he atravesado momentos oscuros donde el autodesprecio me llevó al borde del abismo, sintiendo que solo la muerte podría aliviar mi dolor. Sin embargo, he aprendido a transformar ese sufrimiento a través de la compasión, el autoconocimiento y el trabajo conmigo misma. Gracias a ello, en el camino encontré mi propósito de servir y ayudar a los demás en su propio proceso de transformación.

El sufrimiento prolongado es una señal de que algo no está en armonía en nuestras vidas, una oportunidad para reflexionar y encontrar un camino hacia una existencia más auténtica y compasiva. Este proceso no implica un cambio repentino, sino más bien una elección consciente y continua de vivir en armonía con nosotros mismos. Así que, considerémoslo como un viaje de por vida hacia el bienestar emocional y la autenticidad.

Soy Maribel Ariza, psicóloga especializada en trauma complejo y neurodivergencia en mujeres.

Acompaño a mujeres que llevan años sosteniendo demasiado —pensando, adaptándose, exigiéndose— a comprender cómo funciona realmente su sistema nervioso y a construir una forma más amable de estar consigo mismas.

Mi enfoque es integrativo, profundo y respetuoso con los ritmos del cuerpo. No se trata de encajar en métodos estándar, sino de encontrar una forma de acompañamiento que tenga sentido para ti.

Si algo de lo que has leído aquí ha resonado contigo, puedes escribirme. Estaré encantada de leerte.

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