¿Qué significa ser alista? Explorando las Paradojas del Autismo y la Neurodiversidad
«Si somos ciegos al techo, podemos ver el cielo» es el título del artículo a cerca de las paradojas del autismo y las diferentes formas en que autistas y alistas experimentan el mundo, que inspira esta entrada. Pero, ¿qué significa ser alista, y por qué es relevante hablar de ello?»
Tabla de contenidos
Descubriendo el término alista
Hablar de neurodiversidad es explorar un tema fascinante y profundamente humano. Aunque estamos familiarizados con términos como «autismo» o «neurotípico», hay palabras nuevas que amplían nuestro entendimiento.
He llegado al término alista leyendo un artículo en inglés titulado “If you are blind to the ceiling, you can see the sky.” El texto explora las paradojas del autismo en primera persona y menciona frecuentemente a los alistas, lo que ha despertado mi curiosidad. Se entiende claramente que el término alista se utiliza para denominar a los «no autistas», pero ¿Por qué este vocablo en concreto? ¿Qué significa exactamente ser alista? ¿Tiene este término alguna implicación para comprender mejor cómo las personas, autistas y no autistas, experimentan el mundo?
Este artículo es un intento de responder a esas preguntas, de tender un puente entre conceptos novedosos y reflexiones sobre la neurodiversidad tras el primer cuarto del siglo XXI.
«En la intersección entre lo que se acepta como normal y lo que se cuestiona, podemos encontrar una riqueza de perspectivas que merece la pena explorar.»
¿Qué es ser alista?
Hemos tenido que esperar hasta el siglo XXI para encontrar un término que signifique justo lo contrario a «autista», y éste es «alista». Este hecho destaca la importancia que tiene en nuestros días reconocer y celebrar las diversas formas en que los seres humanos interactuamos y experimentamos la realidad.
«Autismo» significa literalmente «retirada a uno mismo». El término fue acuñado por Eugene Bleuer para describir el desapego activo que, según él, afectaba a algunos de sus pacientes, aunque fue Hans Asperger el primero en publicar el nombre autismo para una condición específica y el primero en documentar muchos de los atributos de las personas autistas.
De mi investigación inicial, extraigo que el término «alista» (del inglés allistic) se está usando para describir a personas que no son autistas, es decir, aquellas cuyo cerebro se desarrolla de manera neurotípica o que no presentan las características del espectro autista. Aunque es común que el término «neurotípico» se utilice para referirse a personas no autistas, «alista» fue introducido para distinguir específicamente a los no autistas, sin implicar que necesariamente encajen en todas las características de la neurotipicidad. Vayamos a su origen.
Etimología del Autismo
La palabra «autismo» proviene etimológicamente del griego «auto» (que actúa sobre si mismo) y de «-ismo», (proceso patológico del latín -ismus y este del griego -ισμóς (-ismós), sufijo que formaba un sustantivo de acción a partir de verbos terminados en ιζειν (-izein) ). -Ismo sería entonces, un sufijo formativo de sustantivos abstractos que denota algún tipo de doctrina, tendencia, teoría o sistema.
Dado que hace referencia a un trastorno neurológico, se asume que la comunidad autista es neurológicamente «atípica» por lo que, a aquellos que no tienen ninguno de estos trastornos, se les denomina «neurotípicos» por oposición a los «neuroatípicos» o «neurodivergentes» (que sí tienen un funcionamiento neurológico atípico o distinto a la mayoría)
Alista<>Autista, Neurotípico<>Neurodivergente
Entonces, se puede ser alista (no autista) y a la vez no ser «neurotípico» (porque a pesar de no tener autismo sí se tiene un funcionamiento neurológico distinto a la mayoría, por ejemplo con TDAH).
De esta manera, podemos decir que el prefijo «ali-» significa justo lo opuesto al prefijo «auto-«, y que, por tanto, «alista» sería en realidad lo opuesto al término autista y no un sinónimo de «neurotípico», que es, por lo que veo, como se viene usándo últimamente.
Esto se debe a que, el término alista, al ser relativamente nuevo, puede incitarnos a pensar que es un antónimo de “autista,” pero su uso es bastante más profundo: no busca crear una dicotomía rígida, sino señalar diferencias importantes en cómo distintas mentes perciben y procesan la realidad.
«El término alista no busca dividirnos, sino ayudarnos a entender que existen formas diversas y válidas de experimentar el mundo.»
Orígen de «alista»
El término «alista» fue acuñado en 2003 por la activista autista Jennita Reef como una forma neutral de referirse a las personas no autistas. La idea era evitar términos como «normal» (que implican que el autismo es «anormal») o «neurotípico» en contextos donde podría haber neurodivergencias distintas del autismo (por ejemplo, personas con TDAH, dislexia, etc.).
En definitiva, «alista» no significa «lo opuesto a autista,» sino simplemente «no autista,» destacando diferencias en el procesamiento mental y la percepción social, sin juicios de valor. Por lo tanto, comprender el término alista no solo nos permite identificar el paradigma desde el cual la mayoría de las personas interpreta la realidad, sino que también nos ayuda a reconocer cómo estas perspectivas influyen en la forma en que se perciben las características del autismo.
Las Paradojas del Autismo
A menudo, las diferencias neurodivergentes son vistas a través de lentes alistas, lo que puede llevar a la idea errónea de que las personas autistas son “paradójicas” o “incoherentes”. Sin embargo, estas supuestas paradojas no son contradicciones reales, sino reflejos de una experiencia de la realidad profundamente diferente.
El artículo que inspiró este texto, describe a las personas autistas como “paradojas andantes.” Según el mismo, estas serían algunas de las aparentes contradicciones que caracterizan la experiencia autista:
Hipersensibilidad vs. aparente indiferencia:
Aunque pueden reaccionar intensamente a estímulos sensoriales, como luces brillantes o ruidos fuertes, las personas autistas a menudo se perciben como desconectadas emocionalmente, ya sea porque su expresión no se ajusta a los estándares sociales o porque están enfocando su energía en procesar su entorno.
Necesidad de independencia vs. necesidad de apoyo:
Las personas autistas pueden ser increíblemente autónomas en áreas específicas, mostrando habilidades extraordinarias, pero a su vez, depender profundamente de otras personas para navegar aspectos cotidianos que para otros parecen sencillos.
Rechazo a normas sociales vs. rigidez personal:
Mientras las personas autistas cuestionan y desafían muchas reglas sociales por considerarlas arbitrarias o innecesarias, suelen ser estrictas con sus propias rutinas o sistemas personales, ya que les brindan seguridad en un mundo caótico.
Desde una perspectiva alista, estas características pueden parecer contradictorias o incluso desconcertantes, pero para las personas autistas son simplemente parte de cómo experimentan y estructuran su realidad.
Estas paradojas nos sirven de espejo, invitándonos a repensar cómo nos relacionamos con el mundo y con quienes lo perciben de forma distinta. Estas aparentes contradicciones no solo revelan las complejidades de la neurodivergencia, sino también los límites de las perspectivas alistas, que tienden a interpretar la realidad de forma lineal y apegada a normas socialmente aceptadas.
Para las mentes alistas, los autistas somos paradojas ambulantes, al menos en la superficie. Y es aquí donde quiero articular una paradoja en particular: la paradoja de la simultánea falta de conciencia e hiperconciencia que tenemos las personas autistas. Solemos ser tachadas de tener «déficits sociales» y «falta de percepción de señales sociales», lo que lleva a caracterizar el autismo como una falta de conciencia social. Yo sostengo que, aunque esto puede ser cierto, es una descripción muy superficial del autismo.
«El autismo es una experiencia diferente de la realidad, y podría argumentarse que la falta de conciencia del mundo social en las personas autistas viene acompañada de una mayor conciencia de que dicho mundo es una construcción.»
Por lo tanto, estas paradojas no son anomalías, sino una expresión de cómo las personas autistas y alistas perciben la realidad desde marcos completamente distintos. Mientras que las personas alistas suelen asumir el mundo social como un conjunto natural e inmutable de normas, las personas autistas tienden a observarlo como una construcción que puede, y tal vez debería, ser cuestionada. Esta diferencia de perspectivas no solo influye en cómo ambos grupos navegan por el mundo, sino también en cómo se entienden mutuamente. Pero, ¿en qué consiste exactamente esta divergencia de perspectivas? Para comprenderlo, debemos explorar las principales diferencias entre las formas en que las personas autistas y alistas procesan y priorizan la información.
Alistas y Autistas: en que se diferencian
El término alista se usa para describir a las personas que no son autistas, diferenciándolas de las personas dentro del espectro autista. Más que un simple contraste, estas diferencias reflejan cómo ambos grupos perciben y procesan la realidad, lo que tiene un impacto profundo en la forma en que nos relacionamos, trabajamos y vivimos en sociedad.
1. Procesamiento de Información
Las personas autistas tienden a procesar el mundo de forma «de abajo hacia arriba» (bottom-up). Esto significa que suelen enfocarse primero en los detalles, patrones o reglas subyacentes antes de construir una imagen general. Este enfoque puede hacer que sobresalgan en tareas que requieren precisión o identificación de irregularidades. Por ejemplo, un niño autista aprendiendo a leer un reloj podría preguntarse por qué una hora tiene 60 minutos y no 100. Necesita entender el «por qué» para integrarlo en su experiencia.
Los alistas ,en cambio, usan un enfoque «de arriba hacia abajo» (top-down), basándose en normas sociales y experiencias previas para interpretar la información. Este enfoque puede ser más rápido y funcional en contextos donde se necesita una respuesta inmediata. Es decir, un niño alista simplemente memoriza el sistema de 60 minutos porque “es así” y sigue adelante.
2. Relación con Normas Sociales
Los autistas tienden a ver las normas sociales como arbitrarias y suelen cuestionarlas profundamente. Esto puede dar lugar a una perspectiva innovadora y auténtica, pero también generar conflictos con un mundo que espera conformidad. Por ejemplo, una persona autista puede preguntarse por qué trabajar 40 horas semanales es la norma, o por qué no sería aceptable usar un tutú en la oficina si les hace sentir cómodos.
Las personas alistas, en cambio, suelen aceptar y adaptarse a las normas sociales con mayor facilidad. Esto les permite desenvolverse con fluidez en interacciones diarias, aunque no siempre cuestionen si esas normas son justas o necesarias. En este sentido, una persona alista probablemente se sienta incómoda al ver a alguien rompiendo un código de vestimenta en el trabajo, incluso si no entiende del todo por qué eso es importante.
3. Comunicación y Lenguaje
Los autistas prefieren una comunicación directa y literal, pudiendo tener dificultades para captar matices como el sarcasmo, el lenguaje corporal o las «pistas sociales» implícitas. Por ejemplo, si alguien dice “¡Nos vemos pronto!” como despedida educada, una persona autista podría interpretarlo literalmente y esperar que realmente vuelvan a verse en breve.
Los alistas, por su parte, captan con mayor facilidad las señales sociales implícitas y las sutilezas del tono, contexto o lenguaje corporal, lo que les permite adaptarse más rápidamente en entornos sociales. Así, una persona alista entenderá que “¡Nos vemos pronto!” es una fórmula común de despedida, no necesariamente un compromiso literal.
4. Habilidad y Pertenencia
Las personas autistas construyen su identidad a partir de valores e intereses, no tanto en función de roles sociales o pertenencia grupal, llevándoles a priorizar la autenticidad sobre la conformidad. En este sentido, un autista puede rechazar ciertas tradiciones culturales o familiares si no están alineadas con sus valores personales.
La identidad de los alistas, en cambio, suele estar profundamente entrelazada con su grupo social, nacionalidad, religión o género. Esto facilita su sentido de pertenencia, pero también puede limitar su percepción de lo que es posible fuera de estas estructuras. Por ejemplo, una persona alista podría definirse como “padre,” “ingeniero” o “mexicano,” y ver estas etiquetas como fundamentales para su identidad.
5. Sensibilidad y Percepción
La hipersensibilidad o hiposensibilidad sensorial que experimentan las personas autistas, puede hacerlos percibir estímulos que pasan desapercibidos para otros, o bien ignorar estímulos que los demás consideran importantes. Es decir, un autista podría encontrar insoportable el sonido de una lámpara fluorescente, pero estar perfectamente tranquilo en medio de una emergencia grave.
Los alistas tienen una sensibilidad sensorial más regulada, lo que les permite desenvolverse con facilidad en entornos comunes. Sin embargo, esto también significa que podrían ignorar detalles que las personas autistas detectan. Por ejemplo, una persona alista podría no notar que una habitación huele distinto, mientras que una persona autista lo identificaría inmediatamente.
¿Por qué Importa Reconocer Estas Diferencias?
Ambos enfoques son valiosos y complementarios, pero la falta de comprensión mutua puede llevar a conflictos innecesarios. Por ejemplo, una persona alista puede interpretar el cuestionamiento de un autista como terquedad, mientras que una persona autista puede considerar que los alistas están “mirando el techo y llamándolo cielo” al no cuestionar ciertas estructuras.
Entender las diferencias entre alistas y autistas nos permite construir una sociedad más empática e inclusiva, ya que al reconocer que todos percibimos la realidad de forma distinta, podemos ser más comprensivos con quienes piensan y actúan diferente a nosotros.
Además, desestigmatiza el autismo (hablar de las fortalezas de las mentes autistas -como su creatividad y objetividad- equilibra el discurso que usualmente se enfoca solo en las dificultades) y nos permite diseñar entornos donde tanto autistas como alistas puedan florecer.
Aceptar la neurodiversidad nos permite abrazar nuestras diferencias como oportunidades para aprender y crecer juntos. Esta comprensión no solo promueve la empatía, sino que deja una puerta abierta al aprovechamiento de las fortalezas de ambos.
- Las personas autistas suelen aportar claridad, innovación y objetividad, al cuestionar normas y buscar mejores soluciones.
- Las personas alistas son expertas en crear conexiones sociales y mantener la cohesión en grupos más amplios.
Al comprender estas diferencias fundamentales, no solo nos acercamos más a la experiencia autista, sino que también ampliamos nuestra perspectiva sobre la riqueza y complejidad de lo humano
Conclusión: Un mundo con más cielos y menos techos
Si has llegado hasta aquí, espero hayas podido ver que las paradojas del autismo no son contradicciones, sino un recordatorio de que el mundo es infinitamente más complejo y fascinante de lo que solemos asumir. Mientras que los alistas miran al techo y lo llaman cielo, las personas autistas, al cuestionar lo establecido, enseñamos a imaginar horizontes más amplios y realidades más auténticas.
Aceptar la neurodiversidad no es simplemente entender que existen diferencias, sino reconocer que estas diferencias son la base de nuestra evolución como sociedad. Cuando dejamos de imponer techos a lo que creemos «normal» o «correcto,» abrimos el cielo a nuevas formas de empatía, creatividad y colaboración.
En este cruce de caminos entre lo alista y lo autista, no hay verdades absolutas, pero sí un terreno fértil para crecer juntos. Cada perspectiva nos desafía a repensar lo que significa ser humano y a abrazar un mundo donde no tengamos que encajar en moldes, sino en comunidad.
Si podemos mirar más allá de los techos que nos limitan y aprender del cielo que otros ven, quizás podamos construir juntos un espacio donde tanto autistas como alistas podamos florecer. Al fin y al cabo, comprendernos no se trata de dividirnos, sino de mirar al cielo desde nuevos ángulos, encontrando en nuestra diversidad no un obstáculo, sino la llave de un futuro más amplio y brillante.
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Maribel Ariza © 2024. All Rights Reserved
Soy Maribel Ariza, psicóloga especializada en trauma complejo y neurodivergencia en mujeres.
Acompaño a mujeres que llevan años sosteniendo demasiado —pensando, adaptándose, exigiéndose— a comprender cómo funciona realmente su sistema nervioso y a construir una forma más amable de estar consigo mismas.
Mi enfoque es integrativo, profundo y respetuoso con los ritmos del cuerpo. No se trata de encajar en métodos estándar, sino de encontrar una forma de acompañamiento que tenga sentido para ti.
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