El Autismo de Diagnóstico Tardío en Mujeres: De la Invisibilidad al Reconocimiento

TDAH en mujeres autistas

El autismo de diagnóstico tardío en mujeres es una realidad que sigue siendo invisibilizada. A diferencia de los varones, las mujeres autistas suelen camuflarse bajo conductas adaptativas que ocultan la verdadera naturaleza de estas experiencias. Este artículo es una reflexión personal y profesional sobre las barreras que enfrentamos las mujeres adultas en el camino hacia el reconocimiento del autismo invisible.

La Invisibilidad del Autismo Femenino

Cuando pensamos en autismo, la imagen que viene a la mente es, casi siempre, la de un niño que no mira a los ojos, que tiene intereses restringidos y que muestra conductas repetitivas evidentes. Pero, ¿qué pasa con esas niñas que pasan desapercibidas porque son ‘tranquilas’, ‘buenas alumnas’ o simplemente ‘tímidas’? ¿Qué sucede cuando esas niñas crecen, se convierten en mujeres y siguen sintiéndose diferentes, agotadas por intentar encajar en un mundo que no las entiende?»

Durante décadas, el diagnóstico de autismo se ha basado en criterios que, aunque válidos, no reflejan la experiencia de muchas mujeres y niñas. Esto se debe, en gran medida, al sesgo de género en las investigaciones y herramientas de evaluación. Este artículo nace de mi propia experiencia como profesional de la salud mental y como mujer que, a los 48 años, ha iniciado el camino hacia el reconocimiento de su neurodivergencia.

Autismo de Diagnóstico Tardío en Mujeres:

Un Viaje de Autodescubrimiento

¿Alguna vez te has sentido como si vivieras usando una máscara? Esa sensación de estar fuera de lugar, de encajar solo a medias en situaciones sociales, de tener que esforzarte más que los demás para navegar por un mundo que parece diseñado para otros… Si te reconoces en estas palabras, no estás sola.

El autismo en mujeres, especialmente cuando no ha sido detectado en la infancia, tiene una forma de manifestarse que a menudo pasa desapercibida. El autismo femenino no encaja en los moldes tradicionales, porque esos moldes fueron creados pensando en varones. Muchas de nosotras hemos vivido muchos años en silencio, adaptándonos como podíamos, camuflándonos sin saberlo, hasta que un día algo nos hace preguntarnos: ¿Y si siempre he sido diferente por una razón?

Un Autismo Invisible, pero Real

Históricamente, la medicina y la psicología han operado dentro de un marco dominado por la perspectiva masculina. Esto no solo ha impactado en la forma en que se diseñan los tratamientos y las investigaciones, sino también en cómo se diagnostican los trastornos neuropsiquiátricos. El autismo no ha sido una excepción.

Desde que el autismo fue descrito por primera vez en la década de 1940, los criterios diagnósticos se han basado principalmente en estudios realizados en varones​. Esto responde a una tendencia generalizada en la ciencia médica, donde las diferencias de género se han considerado irrelevantes o secundarias, perpetuando lo que muchas teóricas feministas han llamado el sesgo androcentrista en la investigación científica.

¿Qué implica esto?

  • Los manuales diagnósticos como el DSM-5 y herramientas como la ADOS-2 y la ADI-R fueron diseñados a partir de patrones más típicos en hombres, mientras que las manifestaciones del autismo en mujeres han sido invisibilizadas o malinterpretadas​.
  • La expresión clínica del autismo en mujeres se presenta a menudo de forma más sutil, enmascarada por las normas sociales y culturales que esperan de nosotras ser más empáticas, comunicativas y socialmente hábiles​.
  • Este enmascaramiento no solo dificulta el diagnóstico temprano, sino que también genera una serie de diagnósticos erróneos o incompletos, como ansiedad, depresión o trastornos de la alimentación, que muchas veces son consecuencia del propio autismo no diagnosticado​.

Por lo tanto, el sesgo androcentrista en la investigación científica a cerca del autismo ha provocado que este sea descrito y diagnosticado según los comportamientos más comunes en niños: movimientos repetitivos evidentes, dificultades claras en la interacción social o intereses restringidos muy visibles. Pero,

¿qué pasa cuando las manifestaciones del autismo son más sutiles?

Un artículo de la revista IberoReport, en base a estudios recientes sobre las diferencias de género en el autismo, señala que las mujeres y niñas autistas suelen:

  • Imitar comportamientos sociales para evitar ser excluidas, aunque por dentro sientan que no entienden del todo las dinámicas sociales.
  • Camuflar sus intereses restringidos o enfocarlos en áreas más aceptadas socialmente, como la literatura, la moda, o incluso la psicología.
  • Lidiar con una sensibilidad sensorial intensa: los ruidos fuertes, las luces brillantes o ciertas texturas pueden resultar abrumadoras, pero aprendemos a disimularlo.

Lo que la sociedad ve es una niña tranquila, una mujer perfeccionista, alguien que “lo lleva todo bien”. Pero lo que no se ve es el esfuerzo titánico que hay detrás para sostener esa imagen.

Manifestaciones Diferenciadas del Autismo Femenino

Las diferencias entre la forma en que el autismo se presenta en hombres y mujeres son clave para entender por qué muchas de nosotras permanecemos sin diagnóstico o somos tardíamente diagnosticadas. 

Algunas de las manifestaciones más comunes en mujeres incluyen:

  • Un camuflaje social más desarrollado: Las mujeres solemos ser más hábiles en el camuflaje social. Desde muy temprano, aprendemos a imitar expresiones y comportamientos para pasar desapercibidas, lo que nos permite adaptarnos mejor a las expectativas sociales, aunque a costa de un gran esfuerzo emocional.
  • Intereses centrados en temas socialmente aceptables: Mientras que los intereses de los hombres autistas suelen centrarse en sistemas, objetos o actividades repetitivas, en mujeres autistas los intereses pueden tener un componente más relacional o social, como las relaciones interpersonales o actividades creativas. Esto puede pasar desapercibido para los profesionales que buscan intereses más «típicos» del autismo.
  • Sensibilidad sensorial interna: Las mujeres pueden presentar síntomas sensoriales más sutiles o internalizados, como fatiga sensorial en lugar de reacciones externas intensas, lo que se traduce en agotamiento, ansiedad o estrés, sin una manifestación exterior evidente.

Si deseas profundizar más en estas diferencias y cómo afectan el diagnóstico, puedes leer mi artículo «El Autismo Revelado: falsos mitos, estereotipos y diferencias de género».  Pero no te despistes demasiado y regresa, porque a continuación te comparto la experiencia de mi propio viaje hacia el reconocimiento de mi neurodivergencia.

El Autismo en Mujeres Adultas: Cuestionando mi propia historia

Investigo sobre el autismo en mujeres adultas, buscando respuestas para su diagnóstico tardío.

Llevo toda la vida sintiendo que hay algo diferente en mí, algo que no encaja con lo que se espera de las demás personas. Aunque todavía estoy a la espera de recibir el diagnóstico oficial (he sido debidamente evaluada por un equipo multidisciplinar hace unos días), me atrevo a decir que puedo identificar con claridad lo que mis experiencias me llevan dejando ver toda la vida: la sensación de ser incomprendida, la dificultad para interactuar en ciertos entornos, la sobrecarga sensorial, las constantes luchas internas… Llegué a identificarme con la alta sensibilidad, un rasgo que de alguna manera pareció darme algo de consuelo. Pero a medida que los problemas familiares se acumulaban, empecé a preguntarme si había algo más.

Mi hija, al igual que yo, parecía estar viviendo una serie de dificultades que no entendía bien. Desde pequeña había mostrado comportamientos que en principio fueron achacados a su timidez, a las tensiones familiares o a la adolescencia. Tratamos sus problemas de conducta como problemas típicos de la edad o del entorno, pero yo empezaba a ver patrones en su comportamiento que me resultaban familiares. Ella, al igual que yo, no comparte lo que vive en su día a día; es cerrada, retraída, y cuando lo hace, en el mejor de los casos, me habla con desinterés, como si fuera una obligación. Cuando era más pequeña, en la escuela, los profesores la veían como «tímida», pero su adaptación a los diferentes cambios que hemos vivido, se veía como positiva, aunque no era esa la sensación que yo tenía en casa.

A pesar de los esfuerzos por ayudarla, de buscar explicaciones para su aislamiento y sus problemas emocionales, la invalidación siempre ha estado presente, aunque de una forma totalmente inconsciente. Al igual que a mí, la hemos tachado de «rebelde»,  de no saber aceptar las normas, y de tener una «personalidad difícil». En mi caso, al tener más edad y más experiencia vivida, la incomprensión me llegó desde todos los frentes: en mi relación de pareja, que acabó en divorcio; en la familia, habiéndome distanciado considerablemente de mis padres y hermanos tiempo atrás;  y en mi entorno profesional, donde no he sido capaz de mantener ningún empleo. Después de varios despidos injustificados, empecé a internalizar la idea de que había algo mal en mí, que no «encajaba», que no era apta para trabajar en equipo, que mi manera de ser desequilibraba todo a mi alrededor. Pero ¿y si todo esto era el reflejo de algo más profundo? Algo que nunca se había considerado: ¿y si las dos estábamos dentro del espectro autista?

La idea comenzó a tomar forma a medida que investigaba más sobre el autismo femenino, una condición que, hasta hace pocos años, se había invisibilizado por completo. Hemos visto como las mujeres autistas tienen una forma muy distinta de manifestar los síntomas, aprendemos a camuflar nuestras dificultades sociales y emocionales para que pasen desapercibidas. No ha sido hasta este momento cuando me he dado cuenta de que muchos de los comportamientos que yo he vivido, y que han sido interpretados como «raros» o «extraños», coinciden con patrones descritos en investigaciones recientes sobre el autismo femenino.

Lo que estoy viviendo con mi hija también parece encajar: su perfeccionismo, su ansiedad, su dificultad para adaptarse a las normas, su introversión. Sin embargo, el diagnóstico oficial de TDA (trastorno de déficit de atención) que mi hija ha recibido recientemente no considera ni su género ni los posibles matices que el autismo puede presentar en mujeres. Aunque se le ha diagnosticado un trastorno del neurodesarrollo, no se ha tenido en cuenta cómo su camuflaje social puede haber influido en la evaluación.

Lo que a primera vista parece ser simplemente un proceso de «maduración» (tiene 19 años, está entrando en la adultez) o de «adaptación» a circunstancias externas (desde hace tres años esta viviendo en Escocia con su padre por tema de estudios), empieza a tomar otro matiz cuando me doy cuenta de que estas vivencias pueden ser interpretadas desde una perspectiva neurodivergente. No sólo mi hija, sino yo misma, llevamos toda una vida adaptándonos, camuflándonos, ocultando nuestras dificultades, sin entender por qué nos resulta tan difícil encajar.

Este proceso de cuestionamiento de nuestra historia es doloroso pero liberador. Y si en algo puedo ser de ayuda a otras mujeres que estén pasando por lo mismo, es que sé lo importante que es visibilizar estas experiencias para que el autismo no sea un diagnóstico que llegue demasiado tarde para cambiar vidas.

Autismo de Diagnóstico Tardío en Mujeres: Señales Que Tal Vez Te Resuenen

Tras reflexionar sobre mi propia historia, observo que muchas mujeres como yo, hemos vivido en la invisibilidad, sin saber que nuestro sentir y nuestras experiencias pueden estar relacionadas con el espectro autista. Si has llegado hasta aquí, tal vez te hayas sentido identificada con algunas de las situaciones descritas. En ese caso, quizá es momento de preguntarte: ¿será que yo también soy autista?

Si algo de lo que he compartido aquí resuena contigo, quizás estés en el inicio de un proceso de autodescubrimiento. De entrada te digo que no es un camino fácil, pero puede resultar tremendamente liberador. Te invito a hacer una pausa y reflexionar a cerca de estas señales:

  • ¿Te sientes agotada después de socializar, incluso si la experiencia fue “agradable”?
  • ¿Te cuesta entender las dinámicas sociales o mantener amistades profundas, aunque puedas desenvolverte bien en la superficie?
  • ¿Tienes intereses que te apasionan profundamente, pero que quizá no compartes con otros porque no son “convencionales”?
  • ¿Te sientes diferente desde la infancia, como si vieras el mundo desde otro ángulo?

Si tu respuesta a una o más de estas preguntas es afirmativa, podría indicar que estás dentro del espectro autista. Recuerda que cada experiencia es única, por lo tanto, si algo resuena contigo, es posible que estés en el camino de un descubrimiento importante.

Los Comentarios y Juicios: una Barrera Invisible

Cuando he compartido mis sospechas sobre estar en el espectro autista, no han faltado las respuestas que intentan invalidar mi experiencia:

  • “No pareces autista.”
  • “No necesitas una etiqueta, todos somos diferentes.”
  • “Eso es una moda, ahora todo el mundo dice ser autista.”

Estos comentarios no solo restan importancia a mis vivencias, sino que perpetúan la invisibilización del autismo femenino. Lo que estas personas no entienden es que no se trata de etiquetarse para destacar, sino de encontrar respuestas que permitan vivir con más plenitud y autenticidad.

“No es que busque encasillarme, es que necesito entenderme para poder cuidarme.”

Infra-detección del Autismo en Mujeres Adultas: una cuestión de Perspectiva de Género

La clave está en reconocer que el autismo femenino ha sido históricamente mal interpretado, o incluso ignorado, debido a que los criterios diagnósticos han sido diseñados principalmente con base en estudios centrados en varones. Esto ha llevado a una infra-detección significativa en mujeres, ya que sus síntomas pueden ser más sutiles o presentarse de manera diferente. Es aquí donde se encuentra la necesidad urgente de enfoques de diagnóstico más inclusivos y adaptados a la realidad femenina.

Barreras Diagnósticas y Necesidad de Enfoques Sensibles al Género

El proceso diagnóstico, en mi caso, no ha sido fácil. He sido diagnosticada con depresión y ansiedad en el pasado, sin profundizar en la raíz subyacente, que puede ser el autismo. Las barreras diagnósticas van más allá de la falta de conciencia sobre el autismo en mujeres: el camuflaje social, los prejuicios de género y la tendencia a atribuir las dificultades de las mujeres a otros factores como la ansiedad, la depresión o incluso problemas familiares, son solo algunas de las barreras que pueden dificultar el reconocimiento del autismo en mujeres adultas. Esto refuerza la necesidad de enfoques diagnósticos sensibles al género, que consideren las particularidades del autismo en mujeres y no simplemente se basen en patrones preestablecidos que no reflejan nuestra realidad.

Al igual que en el caso de mi hija, las evaluaciones que no consideran estas diferencias pueden pasar por alto el autismo en mujeres que, como nosotras, hemos aprendido a ocultarlo, a adaptarnos a las expectativas sociales, aunque por dentro estemos desbordadas.

La importancia del Diagnóstico: Ya He Encontrado la Pieza, ahora busco el Mapa

psicología para lideres neurodivergentes

Desde que inicié este proceso, estoy en una especie de limbo. Aún no he recibido el diagnóstico oficial, pero en mi interior, siento que he encontrado la pieza que falta en el puzzle de mi vida. Esa pieza que siempre he buscado para entender por qué el mundo a veces parece moverse en un compás diferente al mío.

Durante años, he sido una buscadora incansable. Mi camino personal y profesional como psicóloga ha estado marcado por preguntas profundas sobre quién soy, por qué me siento diferente y cómo encontrar equilibrio en un mundo que parece diseñado para otros. Hoy no espero el diagnóstico como una revelación que me defina. Ya sé quién soy. He llegado a este punto con un bagaje sólido de autoconocimiento, investigación y trabajo personal que me ha permitido construir una vida en equilibrio.

«No necesito la validación externa para saber que formo parte del espectro, pero sí quiero crear un puente hacia un entorno más comprensivo y accesible para mí y para quienes me rodean.»

Esperanza y Validación

No busco un diagnóstico tardío de autismo para encasillarme en una etiqueta, sino para obtener un mapa que me permita comprenderme mejor. Espero poder poner nombre a las diferencias que he sentido desde la infancia. No es que esté “rota” ni que haya algo “mal” en mí, sino que he estado intentando navegar un mundo diseñado para una forma de ser distinta. Quiero dejar atrás la autocrítica y encontrar compasión por la mujer que soy, con todas mis particularidades y desafíos.

«El diagnóstico no cambiará quién soy, pero me dará un marco desde el que puedo, por fin, dejar de intentar encajar y empezar a vivir siendo yo misma.»

Acompañar a mi Hija: una nueva Etapa

Este proceso también tiene un significado profundo en la relación con mi hija. Su diagnóstico reciente de TDA deja muchas preguntas abiertas para mí, porque sigo viendo en ella comportamientos que encajan más con el perfil de autismo femenino. Si finalmente se confirma que yo estoy en el espectro, sería un paso crucial para entender mejor nuestras dificultades de comunicación, nuestras diferencias y cómo podemos trabajar juntas para superarlas.

«El diagnóstico podría ser el mapa que nos permita trazar una hoja de ruta para mejorar nuestra relación y apoyarnos mutuamente en este viaje.»

Espero que este proceso no solo me ayude a mí, sino que también abra la puerta a nuevas formas de comunicación con mi hija. Al comprenderme mejor, podré acompañarla de una manera más efectiva, empática y alineada con sus necesidades reales.

Lo que me impulsa ahora no es la búsqueda de respuestas para mí, sino también para ella. No quiero que viva las mismas experiencias de aislamiento, incomprensión y falta de apoyo que yo viví. Me gustaría poder evitarle el sufrimiento que supone caminar sola en un mundo que no entiende su forma de ser.

El diagnóstico no es solo una etiqueta, sino una oportunidad para que tengamos acceso a recursos, estrategias y una red de apoyo lo antes posible. Además, es una herramienta que puede mejorar nuestra relación, una relación que a menudo se ha visto afectada por las diferencias en nuestra forma de comunicar, de entendernos y de apoyarnos mutuamente. Entendernos mejor puede ser la clave para que ambas podamos construir un camino más armonioso, donde el respeto y la empatía sean el centro.

Si hoy estoy aquí, es porque quiero ofrecerle a mi hija algo diferente: la posibilidad de empezar su camino como mujer adulta con más respuestas y menos dudas. Espero que, gracias al conocimiento y a la experiencia acumulada, pueda ser una guía más informada y empática que lo que mi madre fue en su día.

«No se trata de evitarle dificultades, sino de darle las herramientas para que pueda gestionarlas mejor y, sobre todo, de construir una relación donde ambas nos sintamos comprendidas.»

Maternar desde el Espectro: Reto y Oportunidad

Ahora que lo pienso, ser madre desde una perspectiva neurodivergente no ha sido nada fácil. El autismo afecta la forma de maternar, especialmente cuando nos encontramos lidiando con situaciones emocionales complejas que a menudo se nos escapan de las manos. En mi caso, tras reflexionar sobre ello me doy cuenta que:

  • Muchas veces he dudado de mis capacidades como madre.
  • He recibido críticas de quienes no entienden que mi forma de comunicarme y de relacionarme con mis hijas está condicionada por mi neurodivergencia.
  • Me he sentido sola, sin el respaldo de una red familiar que entienda mi realidad.

Pero también sé que mi experiencia me ha dado herramientas valiosas. Todo el aprendizaje acumulado, todo el trabajo interno que he realizado, me permite ver a mis hijas desde una perspectiva empática, creativa y flexible. Y ahora quiero que ellas puedan beneficiarse de ese mismo proceso de autocomprensión.

«No quiero solo superar las dificultades de comunicación con mi hija; quiero que juntas construyamos una relación basada en la aceptación mutua y en el reconocimiento de nuestras necesidades reales.»

xplorando el impacto del autismo femenino en la relación familiar y la maternidad.

El autismo, como cualquier otra condición neurodivergente, afecta la forma en que percibimos, interpretamos y respondemos al mundo. Y esto, inevitablemente, impacta en las relaciones familiares.

En el día a día, hay momentos en los que no logramos conectar. Yo interpreto una situación de una manera, y ella la vive de forma diferente. Ambas queremos entendernos, pero a veces el puente parece invisible.

El diagnóstico puede ser esa hoja de ruta que nos permita identificar puntos de encuentro y áreas donde podemos mejorar nuestra comunicación. No se trata de cambiar quiénes somos, sino de entendernos mejor.

Comunidad y Apoyo: Claves para el Futuro

Otro aspecto esperanzador de este proceso es la posibilidad de encontrarme con más mujeres que han recorrido un camino similar. Muchas hemos vivido en aislamiento, sintiéndonos diferentes y buscando respuestas por nuestra cuenta. Yo misma he caminado gran parte de este viaje en solitario, pero ahora reconozco que el apoyo mutuo es fundamental. Conectar con otras mujeres que han pasado por experiencias similares puede marcar la diferencia. Un diagnóstico puede ser la llave para conectar con una comunidad que entiende nuestras experiencias y nuestras luchas.

El diagnóstico no es un destino final. Es una hoja de ruta que nos permitirá, a ambas, superar los retos actuales y construir un futuro más comprensivo, accesible y lleno de posibilidades. En definitiva, el diagnóstico puede ser un recurso que aporte claridad y dirección en una vida que, a menudo, ha estado llena de preguntas sin respuesta.

Y quizás lo más importante: nos permita  a mi hija y a mi mirar al futuro con más confianza. Porque no se trata de cambiar nuestra esencia, sino de encontrar formas más equilibradas y saludables de vivirla.

Conclusión: En el Punto de Partida

La Terapia Existencial no es solo para intelectuales

Este no es el cierre de la historia, sino el inicio de una nueva etapa en mi vida como mujer neurodivergente y en mi rol como madre. El camino hacia el diagnóstico de autismo en mujeres adultas no es sencillo. Está siendo arduo, sí, pero también me está permitiendo comprenderme mejor, cuestionar mi historia y darle un nuevo significado a muchos de los desafíos que enfrenté a lo largo de mi vida.

Mientras espero la confirmación oficial del diagnóstico, ya he encontrado la respuesta más importante: no estoy sola. Existen muchas mujeres que, como yo, han caminado durante años con la sensación de ser diferentes, de estar desconectadas, sin saber que formaban parte de un grupo más amplio: el de aquellas que viven con autismo de diagnóstico tardío en mujeres.

Este proceso de autodescubrimiento también me impulsa a seguir buscando formas más empáticas y efectivas de maternar desde la neurodivergencia y de acompañar a mis hijas en sus propios procesos vitales. Especialmente, quiero ayudarlas a construir una hoja de ruta clara hacia el bienestar, una que les permita superar las barreras que supone el autismo invisible en una sociedad que todavía no está diseñada para reconocer nuestras experiencias.

Porque, al final, el diagnóstico no es una etiqueta que nos define, sino un mapa que nos guía hacia una vida más auténtica y plena. Y aunque muchas veces el autismo femenino pasa desapercibido o es malinterpretado, el simple hecho de saberlo ya es un acto de resistencia y autocompasión.

Aquí no termina la historia. Más bien, empieza otra que seguiré compartiendo, con el deseo de que, al hacerlo, otras mujeres puedan también reconocerse, sentirse vistas y, sobre todo, comprendidas. Porque no estamos solas: somos muchas, y es hora de visibilizar nuestras voces.

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Maribel Ariza © 2024. All Rights Reserved

Soy Maribel Ariza, psicóloga especializada en trauma complejo y neurodivergencia en mujeres.

Acompaño a mujeres que llevan años sosteniendo demasiado —pensando, adaptándose, exigiéndose— a comprender cómo funciona realmente su sistema nervioso y a construir una forma más amable de estar consigo mismas.

Mi enfoque es integrativo, profundo y respetuoso con los ritmos del cuerpo. No se trata de encajar en métodos estándar, sino de encontrar una forma de acompañamiento que tenga sentido para ti.

Si algo de lo que has leído aquí ha resonado contigo, puedes escribirme. Estaré encantada de leerte.

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