TDAH en Mujeres Autistas: Descubre tu Potencial y Supera el Caos Emocional
Hacía tiempo que quería hablar sobre este tema, las sutiles señales de TDAH en mujeres autistas. En mi experiencia como mujer neurodivergente, he transitado por diagnósticos tardíos que han marcado mi camino hacia el autoconocimiento. Soy psicóloga, especialista en neurodivergencias, multiexcepcionalidad y trauma, y a través de mi labor en El Puente Neurovisionario he aprendido que muchas de nosotras compartimos historias similares de invalidación, rechazo y confusión.
Este artículo nace de la necesidad de dar respuesta a las inquietudes que muchas mujeres autistas tienen sobre la posibilidad de convivir también con TDAH, y de visibilizar cómo el trauma complejo —resultado de años de ser etiquetadas como “demasiado intensas” o “inestables”— puede intensificar esos desafíos.
Aquí te revelo algunas de las sutiles señales de TDAH que presentan muchas mujeres autistas, de cómo esto se relaciona con las altas capacidades y el trauma, y por qué es crucial un diagnóstico temprano. Te invito a identificar estos patrones para que tú también puedas transformar el caos en empoderamiento y encontrar el apoyo profesional que necesitas
El relato de una Triple Excepcionalidad
Fui diagnosticada con autismo a finales del pasado año. Mientras asimilaba este primer diagnóstico, me di cuenta de que había algo más: también tengo TDAH, y, sumado a mis altas capacidades, formo parte de la llamada triple excepcionalidad. Este descubrimiento, lejos de ser un obstáculo, se ha convertido en la base de mi compromiso profesional y personal para acompañar a otras mujeres que viven experiencias similares.
Siempre había pensado que el TDAH era algo que solo afectaba a niños inquietos y traviesos, esos que no pueden quedarse quietos en clase y que interrumpen constantemente. Yo no era así. Me gustaba seguir las reglas, destacaba en ciertas áreas académicas y era extremadamente responsable en algunas cosas… pero en otras, el caos dominaba mi vida. No sabía que el TDAH podía manifestarse de manera tan distinta en mujeres, en especial en aquellas que también son autistas.
Muchos de nosotros tenemos tanto autismo como TDAH, aunque uno de los dos pueda ser más evidente. Se estima que hasta el 70% de las personas diagnosticadas con autismo también tienen TDAH, y esta cifra podría ser aún mayor, ya que hasta hace poco tiempo, el DSM, el manual de diagnóstico utilizado por profesionales de la salud mental, no permitía diagnosticar ambas condiciones simultáneamente. Fue hasta 2013 que esto cambió, lo que significa que muchas personas antes de esa fecha podrían haber recibido un diagnóstico parcial.
Como alguien que encaja dentro de esa estadística, puedo decir que vivir con autismo y TDAH (comúnmente llamado AuDHD) es como vivir en un constante vaivén entre opuestos. Es una lucha entre la necesidad de estructura y la incapacidad de mantenerla, entre el deseo de calma y la tormenta interna de pensamientos y emociones que no cesan. Me encuentro constantemente preguntándome si mis reacciones y elecciones vienen de mi autismo o de mi TDAH… y la mayoría de las veces, la respuesta es ambas cosas al mismo tiempo.
Señales de TDAH en Mujeres Autistas (AuTDAh)
Como una de las personas incluidas en esa estadística, puedo decir que vivir con autismo y TDAH (AuTDAh) es como ser una dicotomía en movimiento. Constantemente me siento confundida sobre qué hacer o cómo sentirme, y nunca sé si mis decisiones y emociones están siendo impulsadas por mi autismo o por mi TDAH; a veces, es una combinación de ambos.
Por eso es importante reconocer que el TDAH puede manifestarse en mujeres autistas de formas muy sutiles, a menudo pasando desapercibido. A continuación exploraremos 9 indicios clave que pueden ayudarte a identificar patrones de impulsividad, desregulación emocional y otros comportamientos característicos. Estas señales no solo te permitirán comprender mejor tu propia experiencia, sino que también te ofrecerán un punto de partida para buscar el apoyo profesional que mereces.
1. Impulsividad
Una de las primeras pistas que me hicieron sospechar que tenía TDAH fue mi impulsividad. No me refiero a ese tipo de impulsividad que interrumpe una clase o que se muestra abiertamente en público. Era una impulsividad secreta, la que se desata cuando nadie está mirando. De niña, solía jugar con fuego, literalmente. Me encantaba encender cerillas y ver cómo la llama bailaba. En mi adolescencia, me escabullía de casa en medio de la noche para salir a dar paseos en moto con desconocidos. Hacía cosas que me ponían en peligro sin pensarlo demasiado. Pero en la escuela y en casa, mi capacidad para seguir las reglas me hacía parecer una niña responsable. Nadie sospechó que algo andaba mal.
2. Desregulación Emocional
Siempre he tenido dificultades para regular mis emociones, y aunque a las personas autistas se nos conoce erróneamente por tener pocas emociones, yo he experimentado lo contrario. Desde que era una niña, he tenido reacciones intensas ante el rechazo, la crítica y el cambio, y por ello me han etiquetado de ser demasiado sensible y me han reprendido con frecuencia por ‘exagerar’.
No solo eso, también he experimentado reacciones ‘inapropiadas’ ante noticias positivas o incluso he estallado en llanto en público porque estaba pensando en cuánto amo a mis hijas o en cuánto me emociona una nueva serie de televisión. Mis reacciones intensas son el resultado de no poder regular mis emociones, y mi TDAH juega un papel importante en ello. Además, mi TDAH hace que sea considerablemente más difícil recuperarme de la desregulación emocional, y a veces necesito horas, si no días, para superar algo trivial.
Aunque la desregulación emocional puede ser una característica clave tanto en el autismo como en el TDAH, creo que la intensidad y frecuencia con la que experimento esta desregulación es el resultado directo de ser alguien que tiene tanto TDAH como autismo.
3. Hiperfoco en las Relaciones y el Sexo
Una de las formas en que mi TDAH se ocultaba a simple vista fue que tendía a hiperfocalizarme en mis relaciones románticas, particularmente en la intimidad sexual, al punto de volverme dependiente de ello y, a menudo, pasar por alto señales de alerta, ya que mi necesidad de pasión e intimidad me cegaba.
En mi juventud, me obsesioné con el amor y el sexo. No de una manera sana, sino como si fueran mi única fuente de felicidad. Buscaba el subidón de dopamina que me daban los enamoramientos intensos, las relaciones apasionadas y los dramas emocionales. Solía tomar decisiones arriesgadas e impulsivas, lo que me ponía en situaciones vulnerables sin darme cuenta
Como resultado, viví una relación altamente tóxica porque confundía intensidad con amor. Una vez que entré en una relación saludable, debo reconocer que al principio me sentía… aburrida. No porque mi pareja no fuera maravillosa, sino porque mi cerebro con TDAH había aprendido a depender del caos y los altibajos emocionales. Fue un proceso largo aprender a sentirme segura en una relación estable sin buscar inconscientemente el drama.
4. Hiperactividad Interna
Una de las razones por las que nunca reconocí el TDAH en mí misma es porque, como sociedad, nos han enseñado que la hiperactividad solo puede manifestarse a través del comportamiento y suele ser visible para los demás en público.
Nunca pensé que podía tener TDAH porque nunca fui disruptiva ni me la pasaba caminando de un lado a otro en un centro comercial; de hecho, me sentía cómoda siguiendo las reglas. Sin embargo, lo que ocurría dentro de mi mente era una historia completamente distinta. Esta hiperactividad interna, un flujo constante de pensamientos e ideas, siempre estuvo presente.
Desde que era niña, siempre he tenido múltiples pensamientos ocurriendo al mismo tiempo y, como resultado, cuando estaba sola, solía saltar de una tarea a otra sin terminar ninguna. Otra forma en la que esto se manifestaba era en mis conversaciones con amigos: cambiaba de tema en cuestión de segundos. Muchas personas me lo señalaban, pero simplemente me etiquetaban como alguien rara o que intentaba cambiar de tema sin razón aparente.
Nunca me reconocí en el estereotipo del niño hiperactivo que no deja de moverse. Pero en mi mente, siempre ha existido un torbellino incesante de pensamientos, ideas y planes. Saltaba de una idea a otra sin terminar ninguna. Podía estar escribiendo algo y, de pronto, me distraía con el sonido de un auto afuera y pasaba los siguientes 30 minutos mirando por la ventana, imaginando historias sobre las personas en la calle.
5. Dificultad para Equilibrar Roles
Ser esposa, madre, trabajadora, amiga e hija a la vez es un reto enorme. A menudo, siento que ninguno de estos roles me sale natural y que todos requieren de un esfuerzo monumental. Me doy cuenta que esta es una de las formas en que el TDAH ha impactado más mi vida como mujer . Me cuesta encontrar un equilibrio entre ser compañera, madre, profesional y empresaria, amiga, hija y hermana al mismo tiempo, lo que con frecuencia me lleva a crisis emocionales importantes.
Siento que apenas tengo tiempo para ser simplemente yo misma, porque cumplir con cada uno de estos roles me demanda una energía enorme, y muchos de ellos no me salen de manera natural. He tenido muchas discusiones con seres queridos y malentendidos en el trabajo porque me cuesta decidir qué rol o qué versión de mí misma debo priorizar cada día.
Esto se complica aún más por el hecho de que la permanencia del objeto, un fenómeno que afecta a muchas personas con TDAH y autismo, también puede extenderse a las relaciones interpersonales. Por ejemplo, si alguien no está físicamente presente en mi vida, a menudo tiendo a «olvidar» su existencia, lo que dificulta el mantenimiento de las relaciones a largo plazo. No es que no me importen las personas, es simplemente que mi cerebro funciona así. Esto ha causado muchos malentendidos con amigos y familiares.
6. Diagnósticos erróneos
Durante años, se me diagnosticó ansiedad, depresión y trastornos de pánico en múltiples ocasiones. Sin embargo, en el fondo, siempre supe que la ansiedad y la depresión no eran toda la historia, sino más bien síntomas de algo más profundo. Nunca me identifiqué del todo con los síntomas tradicionales de estos trastornos y, con el tiempo, entendí que lo que realmente estaba experimentando eran episodios de parálisis, crisis de desregulación emocional y burnout.
Además, cada vez que probaba medicación para la ansiedad o la depresión, no solo no me ayudaba, sino que muchas veces me hacía sentir peor o completamente insensible. Sentía que actuaban como un parche temporal, pero los síntomas de mi malestar seguían filtrándose. El sobreesfuerzo para encajar y la necesidad de enmascarar mis dificultades me hicieron sentir constantemente inadecuada.Todo cambió cuando empecé a meditar y practicar yoga a diario. De repente, mi ansiedad y depresión desaparecieron porque, en realidad, nunca fueron la raíz del problema, sino una consecuencia de una disfunción ejecutiva crónica no detectada.
7. Impacto en el Ciclo Menstrual
El estrógeno juega un papel importante en la regulación de la dopamina, un neurotransmisor crucial en el TDAH. Los niveles más bajos de estrógeno que pueden ocurrir una semana antes del periodo pueden empeorar los síntomas del TDAH, como la falta de atención, la impulsividad y la desregulación emocional.
Además, investigaciones muestran que hasta el 92% de las mujeres con TDAH y/o autismo también padecen Trastorno Disfórico Premenstrual, lo que puede hacernos significativamente más sensibles a los cambios de ánimo, la irritabilidad, la desregulación emocional y la fatiga.
Por lo tanto, la caída del estrógeno antes del periodo intensifica mis síntomas, aumentando la irritabilidad y la inestabilidad emocional.
8. Alternancia entre Hiperfoco y Procrastinación
Desde que tengo memoria, he vivido en un estado perpetuo de alternancia entre poder hiperfocalizarme y procrastinar, sin encontrar un punto medio. Mientras que las personas autistas pueden hiperfocalizarse en intereses especiales, mi TDAH hace que me sea difícil concentrarme en algo por mucho tiempo porque me distraigo con la más mínima cosa a mi alrededor. Puedo estar escribiendo un artículo, y de repente, escuchar una ambulancia fuera de mi ventana, lo que me lleva a quedarme mirando por la ventana durante los siguientes 30 minutos en lugar de volver a mi escritura.
En mi vida diaria existe una marcada alternancia entre momentos de hiperfocalización —donde me sumerjo tanto en una tarea que pierdo la noción del tiempo— y períodos de procrastinación paralizante, donde lo más simple se vuelve muy cuesta arriba. Afortunadamente, tengo recursos y los pongo en práctica cuando advierto este tipo de situaciones
9. Sobrecompensación y Enmascaramiento
Una de las formas en que mi TDAH estaba pasando desapercibido era que solía involucrarme en comportamientos de sobrecompensación para parecer capaz o digna de la aceptación de los demás. Esto me ayudó a enmascarar mis síntomas de TDAH y Autismo y cumplir con las normas y expectativas sociales, lo que me hacía sentir menos insuficiente.
Esto, a menudo se manifestaba a través de un enfoque excesivo en el perfeccionismo, siendo demasiado crítica conmigo misma y comprometiéndome en exceso con cosas que me hacían sentir incómoda o que no tenía la capacidad de manejar. Una vez inicié mi viaje de autoconocimiento y transformación a través del yoga y la meditación, comencé un camino hacia el desmascaramiento.
Desde entonces, dejé de lado estas tendencias de complacer a los demás, ya que me di cuenta de que sobrecompensar solo empeoraba mi malestar (incluso cuando aún desconocía que eran síntomas tanto del autismo como del TDAH) pero lo que sí ya sabía es que la única forma en que las cosas mejorarían era siendo yo misma de manera auténtica.
Por años, intenté compensar mis dificultades con perfeccionismo y sobreesfuerzo. Decía «sí» a todo, me exigía más de la cuenta y me castigaba si no cumplía con las expectativas. Aprender a desenmascararme ha sido un proceso lento, pero liberador. Ahora, poder ayudar a otras mujeres a hacer lo mismo es absolutamente gratificante
El Impacto del Trauma Complejo en Mujeres Multi-excepcionales
Hemos visto que, cuando se vive con TDAH y autismo, las señales de ambas condiciones pueden ser sutiles y, muchas veces, malinterpretadas. Esta confusión no solo afecta la comprensión de quiénes somos, sino que también tiene un profundo impacto emocional y psicológico. A lo largo de nuestra vida, el constante rechazo y la invalidación social refuerzan un ciclo doloroso de auto-duda. A menudo, nos etiquetan como «demasiado intensas», «inestables» o «perezosas», sin entender que estos comportamientos son una manifestación de nuestras condiciones neurodivergentes. Esta experiencia de invalidación se entrelaza con la vivencia del autismo y el TDAH, creando una sensación de caos interno que, en muchas ocasiones, se confunde con las emociones desbordadas o los «altos y bajos» tan comunes en quienes tienen TDAH.
El trauma complejo, entonces, no es solo una consecuencia de las experiencias difíciles, sino una herida profunda que se forma a lo largo de años de no ser comprendidas. Las cicatrices emocionales que deja este trauma dificultan la autoestima y nos hacen cuestionar nuestra valía. Vivir con estas dos excepcionales condiciones sin un diagnóstico adecuado puede sumirnos en una constante sensación de estar fuera de lugar, como si nunca lográramos encajar. De ahí la importancia de recibir un acompañamiento especializado, que no solo aborde las señales sutiles del TDAH, sino que también nos permita sanar esas heridas emocionales, reconociendo nuestra autenticidad y valor.
La influencia de las Altas Capacidades en la manifestación y gestión del TDAH
Como mujer autista con TDAH y altas capacidades, he experimentado cómo estos tres aspectos de mi neurodivergencia interactúan de formas complejas, a veces desbordantes, y otras veces sorprendentes.
Hiperfocalización vs. Procrastinación
Desde pequeña, he sido consciente de mi capacidad para aprender y procesar información rápidamente. Sin embargo, esta agudeza cognitiva no siempre se ha alineado con mi capacidad para gestionar las tareas cotidianas, lo que me ha generado muchos malentendidos a lo largo de los años.
Uno de los mayores retos ha sido la alternancia entre hiperfocalización y procrastinación. Como persona con altas capacidades, me he dado cuenta de que cuando algo realmente me interesa, puedo sumergirme en una tarea por horas, perdiendo la noción del tiempo y siendo extremadamente productiva. Sin embargo, en cuanto se trata de algo que no despierta mi curiosidad o que considero «mundano», como organizar mi espacio o hacer tareas repetitivas en el trabajo, mi mente se dispersa rápidamente. Recuerdo claramente la época en la que mi trabajo no me llenaba realmente, y en lugar de centrarme en las obligaciones de mi puesto, me encontraba investigando temas completamente distintos, incluso empezaba a fantasear sobre proyectos nuevos solo porque algo en mi mente me impulsaba a hacerlo. Este patrón era una clara manifestación de mi TDAH, pero no se veía tan evidente debido a mi habilidad para realizar tareas intelectuales rápidamente cuando me concentraba.
Enmascaramiento y Sobre-compensación
Las altas capacidades también me han llevado a desarrollar una tendencia a sobrecompensar y enmascarar mis dificultades. Si bien podía dar la impresión de ser eficiente, organizada y capaz, esta fachada de «supermujer» me causó mucho agotamiento y frustración. La presión de cumplir con las expectativas sociales de ser «la inteligente», «la perfeccionista», o «la que lo tiene todo bajo control» me hizo sentir que tenía que sobrepasar mis límites constantemente.
Esto se reflejaba en mi impulso por tomar más responsabilidades de las que podía manejar. Un ejemplo claro de esto fue cuando, a pesar de tener dificultades para organizar mi tiempo, acepté un proyecto muy ambicioso en mi trabajo, creyendo que podía manejarlo solo porque mi cerebro me decía que podía hacerlo. El resultado fue una parálisis emocional cuando me sentí abrumada, incapaz de organizar mis pensamientos o completar las tareas a tiempo. Esto me llevó a una crisis de ansiedad, pero nadie entendía que era una consecuencia directa de intentar manejar más de lo que mi cerebro podía procesar.
La Intensidad Emocional Amplificada por las Altas Capacidades
Además, las altas capacidades me han hecho más sensible emocionalmente, lo que también ha exacerbado los síntomas de desregulación emocional típicos del TDAH. En situaciones de estrés, no solo experimentaba la frustración por no poder organizarme, sino que esa frustración se amplificaba, a veces sin control. Recuerdo una vez que, por estar trabajando en una tarea que requería mucha concentración, me perdí en mis pensamientos y, cuando alguien me interrumpió para pedirme algo, no pude evitar estallar. Mi reacción fue desproporcionada al evento en sí, pero en mi mente era como si todo se hubiera desmoronado en ese momento. Esta intensificación de las emociones es algo que aprendí a reconocer como parte de mi TDAH, pero la combinación con mis altas capacidades hizo que muchas veces me sintiera incomprendida, ya que se esperaba que siempre tuviera la solución o la respuesta a todo.
Altas Capacidades
¿Bendición o Desafío?
En resumen, mis altas capacidades han sido tanto una bendición como una carga. Si bien me han permitido destacarme en ciertas áreas, también han dificultado que mis dificultades con el TDAH y el autismo se reconozcan. Es fácil que las personas piensen que una persona «inteligente» puede manejar todo perfectamente, pero en mi caso, esa aparente capacidad de funcionamiento ocultaba los desafíos invisibles que enfrentaba a diario. A lo largo de los años, he aprendido que comprender cómo interactúan estos tres aspectos me ha ayudado a ser más compasiva conmigo misma y a buscar el apoyo adecuado.
Manejando los desafíos
Debo decir que comencé a poner en práctica varios recursos para gestionar los desafíos que vivía a diario mucho antes de recibir cualquier diagnóstico oficial por mis neurodivergencias. Estos recursos no llegaron de manera automática ni fueron producto de un diagnóstico médico; los descubrí a través de un proceso de autoconocimiento y autodeterminación que inicié a través del yoga y la meditación. Poco después de que estas disciplinas llegaran a mi vida para quedarse, me di cuenta de que podía, y debía, ser la protagonista de mi propio proceso de entendimiento y transformación.
Este enfoque de autodiagnóstico y la liberación del autismo han sido cruciales en mi camino hacia la aceptación y el autocuidado. Al no esperar a que otros validaran mis experiencias, comencé a explorar herramientas y estrategias que me ayudaran a vivir de una manera más funcional, sin perder mi esencia. Estos consejos, que comparto aquí, son algunos de los recursos que empecé a implementar mucho antes de recibir un diagnóstico formal. Si te interesa profundizar más sobre la importancia del autodiagnóstico y la autodeterminación, te invito a leer el artículo que escribí sobre el tema aquí.
Es importante entender que la sanación y el empoderamiento son procesos profundamente personales y únicos. Los consejos a continuación son solo algunas de las herramientas que me han ayudado a navegar por el caos interno de ser una mujer neurodivergente y multiexcepcional. A lo largo de este camino, he aprendido que, aunque el diagnóstico es valioso, no es la única manera de empezar a transformar nuestra realidad. El primer paso siempre es el autoconocimiento.
Algunos tips para transitar la multi-excepcionalidad
Si bien cada proceso de sanación es único, compartir algunos tips puede ayudar a muchas de nosotras a encontrar puntos de apoyo en medio del caos:
- Validación emocional: Reconocer y aceptar que sentir intensamente no es un defecto, sino parte de la riqueza de nuestra experiencia neurodivergente.
- Organización gradual: Establecer pequeñas rutinas diarias que, de a poco, te ayuden a gestionar la multitarea sin abrumarte.
- Autoobservación sin juicio: Aprender a identificar tus emociones y reacciones sin etiquetarlas de “malas” o “excesivas”.
- Espacios de apoyo: Conectar con comunidades y profesionales que compartan y comprendan estas vivencias, y que puedan ofrecerte herramientas adaptadas a tus necesidades.
- Reconocer el valor del acompañamiento profesional: Buscar ayuda de especialistas con experiencia vivida en neurodivergencias y trauma puede ser fundamental para transformar la adversidad en crecimiento personal.
Estos consejos son solo un punto de partida. Cada experiencia es única y, por ello, es crucial contar con el apoyo de profesionales que te guíen en este viaje de autoconocimiento y empoderamiento.
Conclusión
Vivir con autismo y TDAH es un desafío que muchas mujeres enfrentan, y reconocer las señales es el primer paso para transformar la incertidumbre en empoderamiento, especialmente cuando eres parte de una triple o multiexcepcionalidad (al tener también altas capacidades y haber enfrentado el trauma complejo), una realidad que merece ser reconocida y validada.
Este artículo te ha ofrecido una visión clara de cómo identificar el TDAH en mujeres autistas, destacando la importancia de un diagnóstico adecuado y el acompañamiento profesional. Si te identificas con estas señales, te animo a reflexionar sobre tu propia experiencia, a buscar el apoyo que mereces y a conectar con profesionales especializados que han recorrido este mismo camino. Juntas, podemos transformar la dificultad en fortaleza y convertir el caos en una fuente de empoderamiento.
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Maribel Ariza © 2025. All Rights Reserved
Soy Maribel Ariza, psicóloga especializada en trauma complejo y neurodivergencia en mujeres.
Acompaño a mujeres que llevan años sosteniendo demasiado —pensando, adaptándose, exigiéndose— a comprender cómo funciona realmente su sistema nervioso y a construir una forma más amable de estar consigo mismas.
Mi enfoque es integrativo, profundo y respetuoso con los ritmos del cuerpo. No se trata de encajar en métodos estándar, sino de encontrar una forma de acompañamiento que tenga sentido para ti.
Si algo de lo que has leído aquí ha resonado contigo, puedes escribirme. Estaré encantada de leerte.