Cómo el trauma no resuelto afecta a las Personas Neurodivergentes

Descubre cómo el trauma no resuelto afecta a las PAS

¿Son las personas neurodivergentes más vulnerables al trauma, o poseen una mayor capacidad de recuperación?

En este artículo, nos sumergimos en la complejidad del trauma no resuelto y su influencia en las personas neurodivergentes. Te ofrezco una mirada profunda sobre cómo las experiencias traumáticas pueden afectar a este grupo único de personas, destacando sus fortalezas inherentes en el proceso de recuperación.

Descubre estrategias poderosas para abordar el trauma, que no sólo me han servido a mi, sino que las estoy empleando en mi práctica clínica para ayudar a fomentar el florecimiento emocional en aquellas personas con una sensibilidad excepcional.

Las personas Neurodivergentes pueden verse más afectadas por experiencias traumáticas, pero ¿están también mejor equipadas para recuperarse?

¿Te resulta familiar esta situación? Estás llevando a cabo tus actividades diarias cuando, de repente, algo te toma por sorpresa. En un instante, tu cuerpo se energiza, tu mente se nubla, tus pensamientos se agitan y tus emociones parecen sobrepasarte. Parece que la vergüenza o el miedo se han apoderado de ti. Sientes el impulso de reaccionar con ira, de esconderte o simplemente de salir corriendo. O quizás te encuentres paralizada en ese lugar, incapaz de tomar cualquier decisión o incluso de moverte. Si examináramos qué causó esta reacción, es probable que algo te haya hecho sentir insegura, ya sea a nivel físico o emocional. Esto es lo que los psicólogos llaman un "desencadenante" del trauma.

Algunas de mis batallas tuvieron su origen en el trauma

Como psicóloga que trabaja con personas neurodivergentes que han desarrollado trauma, mi propio viaje de autoconocimiento y transformación ha resultado ser muy revelador. En terapia, descubrí que a lo largo de mi vida, había lidiado una lucha constante para  enmascarar mi alta sensibilidad, pretendiendo encajar en una sociedad que no sólo no valoraba mis cualidades únicas, sino que me exigía «arreglar mis taras».

El rechazo de mis iguales (compañeros del colegio y más tarde del instituto, incluso mis propios hermanos) y lo que es mucho peor, de mis figuras de referencia (padres, maestros y luego jefes) cuando no hacía otra cosa que esforzarme por ser la mejor  en ese absurdo y agotador intento de ser vista y aceptada, me llevaron a desarrollar una arraigada creencia de que había algo roto o malo en mi. Me hicieron pensar que no era normal, con la angustia y desesperanza que produce el no tener ni pajotera idea de lo que significaba para ellos «ser normal».

La constante invalidación emocional a la que fuí sometida mermó considerablemente mis potencialidades. En primaria siempre fui la primera de la clase, pero eso empezó a cambiar en el instituto, cuando la búsqueda de sensaciones fuertes para paliar mi profundo dolor y mi baja autoestima, le robaron el tiempo al estudio. Así que cuando llegó la hora de elegir carrera universitaria, me decanté por una carrera facilona que me permitiera evadirme de mi entorno, donde definitivamente sentía que no encajaba, que me permitiera conocer gente nueva y viajar por el mundo para adquirir una perspectiva más amplia y hallar respuestas. Por eso estudié turismo y pasé los primeros años de mi adultez en Londres, pero eso lo dejaremos para otro artículo porque me estoy desviando del tema.  

Soy Neurodivergente: mi momento de epifanía

No he sabido hasta hace muy poco que soy neurodivergente (todavía me cuesta decir que soy autista, odio las etiquetas y no les encuentro ningún sentido). La palabra neurodivergente hace referencia al funcionamiento diferencial de mi cerebro y tiene más sentido para mi. 

Descubrir esto pasados los 45 choca bastante, sobre todo para una persona extrovertida y de alto rendimiento como es mi caso. Seguramente, por el falso concepto que me habían hecho tener a cerca del autismo.

Me identifico más con la alta sensibilidad, suelo decir que soy PAS porque no considero que esté enferma o tenga un trastorno, y el espectro autista es así como se entiende. La culpa la tiene el DSM (el manual diagnóstico y estadístico de las enfermedades mentales) que en su última versión, el DSM5-TR aborda el TEA (trastorno del Espectro Autista) como un sistema dimensional lleno de incongruencias que todavía se están debatiendo. Hay tantos tipos de autismo como personas autistas, puesto que cada una es única. Pero nos faltan décadas de investigación científica para comprender esto.  

Pero volvamos a mi experiencia personal y a lo que ha supuesto para mi haber desarrollado un trauma y mantenerlo oculto a lo largo de tantos años. No ha sido  hasta el momento en que la vida me ha puesto contra las cuerdas que he sentido que debía ir a terapia para que alguien me ayudara a descubrir lo que por mi misma no había sido capaz de reconocer previamente.

Ha sido un momento de epifanía: comprender que parte de mi reactividad emocional, ansiedad, sentimientos de culpa y vergüenza, no solo estaban vinculados a mi sensibilidad innata y un sistema nervioso sensible, sino también a un trauma no resuelto.

Reconocer que el trauma estaba detrás de mi hiperreactividad emocional y mi inconsciente falta de autoestima, me ha permitido cultivar la aceptación incondicional y ser autocompasiva.

Llevo un largo recorrido a mis espaldas, mi viaje de sanación comenzó hace un par de décadas, en el momento en que la maternidad comenzó a abrirme los ojos. Ahora no me gusta hablar de sanación, sinceramente, porque tengo mis dudas a cerca de que realmente haya algo que pueda sanar. En mi estudio e investigación como psicóloga, me he encontrado autores que defienden a muerte su enfoque, convirtiéndose en fanáticos del pequeño papel que han aprendido y en el que se han formado. Pero su método puede ser a veces el camino a seguir y otras no, puesto que cada caso es único, como decía antes. Me temo que la mayoría de los investigadores han estado muy poco o nada con personas neurodivergentes que llevan a sus espaldas una historia de trauma complejo no resuelto.

Abogo más por la idea de emprender un viaje de autoconocimiento y transformación en detrimento de esa «sanación» que otros prometen o de la que alardean. En mi proceso, he reducido considerablemente la ansiedad  y actualmente, rara vez experimento reacciones emocionales abrumadoras. Aunque sigo siendo una persona altamente sensible que procesa profundamente mis emociones y mi entorno, ahora me siento segura en el mundo y en mis relaciones. 

¿Qué es exactamente el trauma?

Cuando sugiero a una clienta que ha desarrollado un trauma, a menudo escucho respuestas como: «Nunca lo había considerado de esa manera» o «No fue tan grave; no lo llamaría trauma«. Entiendo perfectamente estas reacciones. La mayoría de las personas, al escuchar la palabra «trauma», piensan en personas maltratadas o sobrevivientes de agresiones sexuales.

Aunque es cierto que quienes han enfrentado tales experiencias son indudablemente sobrevivientes de traumas, la definición de trauma es mucho más amplia de lo que generalmente se piensa: el trauma es cualquier experiencia que resulta demasiado abrumadora para que tu sistema nervioso la procese en el momento.

Esto significa que el trauma puede manifestarse de diversas maneras. Puede ser un entorno laboral tóxico, un divorcio doloroso o un conflicto innecesario que escaló a niveles desagradables. Incluso puede surgir de situaciones que parecen triviales, pero que actúan como la gota que colma el vaso después de haber acumulado una serie de factores estresantes.

En un artículo anterior te hablo en más detalle  a cerca de las señales, el impacto y la recuperación del trauma no resuelto, te invito a explorarlo si quieres saber más sobre el tema.

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Por qué el trauma importa

¿Por qué necesitamos etiquetar experiencias como traumas? Después de todo, la mala experiencia ya pasó, ¿no es así? Sin embargo, existen razones fundamentales para reconocer el trauma tal como es:

  1. Diagnóstico y tratamiento: Similar a un brazo roto mal diagnosticado como esguince, no podemos sanar lo que no reconocemos. Identificar el trauma nos permite acceder a tratamientos específicos diseñados para abordar su sintomatología.

  2. Autoconocimiento: Reconocer el trauma nos ayuda a comprendernos mejor en un nivel más profundo. Al entender que nuestras reacciones no son simples síntomas aislados, cultivamos la autocompasión, esencial para el proceso de transformación.

  3. Liberación emocional: Guardar el dolor solo agrava el sufrimiento. Al reconocer que hemos atravesado experiencias que aún nos afectan, podemos comenzar a compartir con personas de confianza o terapeutas. Este paso crucial es el comienzo del camino hacia la superación de las viejas heridas.

¿Son las personas Neurodivergentes más susceptibles al trauma?

La respuesta es SI.

Como personas altamente sensibles (PAS), nuestro sistema nervioso está sintonizado a un nivel más profundo que el de aquellos que no lo son. Esto implica que respondemos de manera más intensa a todo tipo de estímulos, incluyendo experiencias traumáticas.

Cuando vivimos experiencias positivas, tenemos la capacidad de experimentar un nivel de entusiasmo y alegría potencialmente mayor que el de aquellos que no son PAS. Si estamos rodeados de un entorno familiar, comunitario o laboral positivo y de apoyo, es más probable que prosperemos. De la misma forma que obtendremos consecuencias más devastadoras que el resto en el caso contrario. Los investigadores se refieren a este fenómeno como «susceptibilidad diferencial».

Es decir, cuando las personas altamente sensibles experimentan situaciones negativas, es común sentir un miedo y un dolor más profundos que aquellos que no son PAS. Además, si crecimos en un entorno poco favorable, es más probable que suframos las cicatrices emocionales. Esta sensibilidad hacia nuestro entorno nos hace más propensos a ser impactados por experiencias traumáticas.

Sin embargo, también es cierto lo contrario. Del mismo modo en que las personas sensibles son más susceptibles al estrés, también recibimos un mayor impulso del apoyo y las experiencias positivas. Estas pueden incluir cosas que ayudan a las personas a superar el trauma y evolucionar. El experto en PAS, Andre Sólo, coautor del exitoso libro «Sensitive», se refiere a esto como el «efecto impulso» sensible. Él afirma:

«La investigación es clara en que las personas altamente sensibles obtienen más beneficios de la terapia, los mentores y el apoyo social. Si incorporas estas cosas a tu vida, no solo te sanarás, sino que también obtendrás resultados aún mejores que las personas menos sensibles».

Sólo tú puedes decir si algo fue traumático para ti

Cuando definimos el trauma como cualquier experiencia que resulta demasiado intensa para que nuestro sistema nervioso la procese en el momento, podemos comprender que situaciones como el acoso, críticas frecuentes o públicas, y sentirse crónicamente rechazado o abandonado por un cuidador pueden ser consideradas como traumáticas. Otros ejemplos de experiencias que pueden ser percibidas como traumáticas incluyen:

  • Lesiones no mortales
  • Abuso emocional
  • La pérdida de una mascota
  • Acoso
  • La pérdida de cualquier relación significativa.

Es fundamental considerar también la duración del trauma. Si una situación angustiante se repite una y otra vez (como una enfermedad crónica, negligencia, abuso psicológico o vivir en un país en guerra o bajo amenaza constante de guerra), a menudo se clasifica como trauma.

Es importante reconocer que solamente tú puedes determinar si algo fue traumático para ti o no. Debido a que nuestras experiencias están influenciadas por factores como la genética, el funcionamiento de nuestro sistema nervioso y nuestras vivencias previas, lo que puede ser traumático para una persona puede no serlo para otra.

Cuando me cansé de "simplemente sobrevivir"

Llegó un momento en el que me cansé de sentirme constantemente «en aleta», abrumada y ansiosa. Mi trauma se había convirtido en un obstáculo para disfrutar de la vida con plenitud y gozar de la espontaneidad. Vivía con una sensación constante de peligro o amenaza inminente. Aunque hablar sobre mis eventos traumáticos durante la terapia podía parecer como remover viejas heridas, también comprendí que intentar enterrar el dolor no era una solución efectiva.

Aunque soy psicóloga de profesión, decidirme a iniciar mi propio proceso terapéutico requería coraje, perseverancia y sobre todo paciencia para ver cambios significativos. Sin embargo, poco a poco he ido notando una disminución en mi reactividad emocional. A pesar de que sigo experimentando la vida de manera intensa (pues aún soy una PAS y lo seré siempre), ahora me siento menos ansiosa por sentirme ‘flotando a la deriva’. Los desencadenantes emocionales ya no me afectan con tanta frecuencia, y cuando surgen, he aprendido a tomarme un momento para respirar y reflexionar antes de reaccionar.

Hoy en día, me especializo en trabajar con personas sensibles que han experimentado trauma. Me embarqué en esta labor porque sé de primera mano que la curación es posible con el apoyo adecuado. No es necesario que sigas ‘soportando’ y viviendo con las dificultades del pasado. Superar el trauma implica abordarlo de frente, permitiendo que tu cuerpo lo suelte y encontrando formas de abordarlo que no vuelvan a traumatizarte.

Como puedes comenzar tu proceso para sanar el trauma

¿Estás lista para iniciar tu proceso de sanación del trauma? El primer paso es simple pero fundamental: reconocer que has desarrollado un trauma. Es importante comprender que no ha sido culpa tuya, que no estás sola y que hay ayuda disponible para ti.

A continuación, te recomiendo seguir estos pasos, todos respaldados por el ‘efecto impulso’ que describí anteriormente:

  1. Infórmate sobre las diferentes modalidades de trauma y utiliza la autorreflexión para reconocer que tipo de trauma cargas, no es lo mismo el abordaje del trauma simple (aquel que se desarrolla a consecuencia de un sólo evento traumático) o complejo (aquel que se desarrolla como consecuencia de la exposición a múltiples- diferentes o  repetidos- eventos traumáticos a lo largo del tiempo) y siente que tipo de enfoque o técnica resuena más contigo.

  2. Busca un profesional especializado en trauma una vez considerados los distintos enfoques. Técnicas como el EMDR, el Tapping o la Terapia Psicosomática gozan de gran popularidad, pero no funcionan con todo el mundo. En ocasiones se requiere un abordaje más profundo, como el de los enfoques humanistas-existenciales e integrar herramientas procedentes de diferentes disciplinas, como hago yo. Puedes encontrar profesionales capacitados en estas técnicas utilizando herramientas como Doctoralia.

  3. Comienza a practicar la atención plena y a ser más consciente de tus experiencias físicas. Muchos sobrevivientes de traumas se sienten desconectados de sus cuerpos, por lo que es crucial comenzar a notar las sensaciones corporales. El yoga suave o adaptado al trauma puede ayudarte a reconectar con tu cuerpo y empezar a experimentarlo como un lugar seguro nuevamente.

  4. Cultiva la autocompasión. Sanar del trauma puede ser un proceso desafiante, así que abórdalo con amor propio y comprensión.

  5. Establece relaciones seguras. Busca personas que respondan con amabilidad y acepten tu naturaleza sensible, construyendo relaciones basadas en el apoyo mutuo y la aceptación.

  6. Aprende a regular tus emociones y a reducir la ansiedad para poder volver a un estado de calma después de experimentar un desencadenante emocional.

Vivir con Coraje Existencial

Puede resultar abrumador asimilar toda esta información al principio, así que tómate tu tiempo para procesarla.

Te invito a leer este artículo nuevamente.

Respira profundamente.

Y luego, toma otra respiración profunda.

Sobre todo, recuerda que siempre hay esperanza y posibilidad de curación para ti.

 

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Maribel Ariza © 2024. All Rights Reserved

Soy Maribel Ariza, psicóloga especializada en trauma complejo y neurodivergencia en mujeres.

Acompaño a mujeres que llevan años sosteniendo demasiado —pensando, adaptándose, exigiéndose— a comprender cómo funciona realmente su sistema nervioso y a construir una forma más amable de estar consigo mismas.

Mi enfoque es integrativo, profundo y respetuoso con los ritmos del cuerpo. No se trata de encajar en métodos estándar, sino de encontrar una forma de acompañamiento que tenga sentido para ti.

Si algo de lo que has leído aquí ha resonado contigo, puedes escribirme. Estaré encantada de leerte.

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